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Paradoja de Buridan

Pareciera que las paradojas fuera el lenguaje irónico del Universo para recordarnos que todo lo que vemos, hacemos y decimos está sujeto a leyes que de tanto en tanto, se colapsan irremediablemente. Así, las paradojas ponen en jaque al sentido común invitándonos a repensar situaciones que, desde el planteamiento, parecen resueltas.

Jean Buridan (hacia 1292-hacia 1363) fue un filósofo francés, instigador del escepticismo religioso en Europa.

Su nombre está asociado a la paradoja del asno de Buridán. Originalmente el problema fue propuesto en el tratado Sobre el cielo de Aristóteles (384 a. C.-322 a. C.)​​​, en el que cuestiona sobre cómo un hombre sediento y hambriento, situado a la misma distancia de una mesa llena de alimentos y otra llena de bebidas, se las arreglaría para escoger entre ambas ofertas. El planteamiento finalmente concluye que necesariamente, ¡se mantendría inmóvil!

En la paradoja de Buridan, éste cambiaba a la persona por un perro confrontado a este cruel dilema. Aludía a esta posibilidad como a la de una alternativa sin sentido comparable ‘a la que debería sopesar los méritos de la gravedad terrestre y del objeto pesado que se somete a ella.’

Buridan no discutió este problema en particular, pero aludía en su obra a la existencia de un determinismo moral en el que un ser humano que se enfrenta a posibles decisiones, siempre debe elegir el mayor bien, aunque la voluntad puede demorar la elección.

Posteriormente se satirizó esta visión por medio de la historia de un asno sediento y hambriento, situado a la misma distancia entre un cubo de agua y otro de avena que acababa muriendo, víctima de su incapacidad de elección entre un cubo o el otro.

Más que una paradoja, el problema podría catalogarse como un dilema llevado al absurdo.

 

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