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Pequeñas y mortales armas biológicas

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Desde inicios de la Segunda Guerra Mundial, los japoneses se destacaron por experimentar con armas biológicas, pasando por la bomba tóxica de defoliación (un precursor del famoso agente naranja) hasta otros medios más descabellados, como la bomba de pulgas. Ésta resultó ser un arma sutil y cruel, cuyas diminutas dimensiones, del tamaño de una pulga, no le hacían justicia a su peligrosidad.

La siniestra mente detrás de la bomba de pulgas fue el Teniente General Shirō Ishii, quien se encontraba al mando de la Unidad 731. Además, fue apoyado por el director médico del ejército y protegido del ministro, Sadao Araki, a quien se le otorgó el mando del Laboratorio de Investigación y Prevención Epidémica del Ministerio Político Kempeitai.

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La infame Unidad 731 del Ejército Imperial Japonés practicaba ensayos en seres humanos con peste bubónica, cólera, viruela, botulismo y otras enfermedades. Según comentarios de Sheldon H. Harris, historiador de la Universidad Estatal de California, más de 200.000 chinos y personas de otras nacionalidades fueron asesinadas durante estos experimentos.

Ishii no tardó en empezar con las pruebas de campo de los agentes de guerra bacteriológicos  y sus respectivos métodos de dispersión. Millones de pulgas infectadas con peste bubónica y otras enfermedades fueron cargadas en contenedores de porcelana para su uso en el campo de batalla.

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La guerra biológica de la unidad 731 envenenó los embalses y ríos chinos con gérmenes de cólera, fiebre tifoidea y ántrax.

Durante el verano de 1945 los japoneses se embarcaron en su más ambiciosa y peligrosa operación, cuya intención era hacer uso de los nuevos portaviones submarinos japoneses I- 400. La fecha señalada era el 22 de septiembre de 1945, su plan era bombardear San Diego con bombas de pulgas, pero afortunadamente para San Diego, el ejército se negó a entregar los súper submarinos para esta operación.

Cuando finalmente terminó la guerra, Ishii vendió sus conocimientos e investigaciones a los Estados Unidos a cambio de escapar de los juicios. Incluso existen registros que afirman que trabajó para los estadounidenses para desarrollar armas biológicas, hasta su muerte en 1959.

Vale la pena mencionar que aún hoy en día existen poblados chinos donde la gente aún muere a consecuencia de la peste bubónica esparcida por los japoneses.

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