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Pobres pero delicados

Pobres

Vagabundos y Millennials

(¿la casa del Wi-Fi no tiene paredes?)

¿Alguna vez se te han olvidado las llaves en tu casa y sólo te das cuenta al llegar? ¿Qué pasaría si fuese de noche y no tuvieras dinero? ¿Llamarías a alguien? ¿Y si no tuvieras pila? Una cantidad alarmante de personas han quedado virtualmente excluidas del sistema económico de una forma en que sólo podemos imaginar, aunque desearíamos no estar en esa situación.

Lo cierto es que gracias a la debacle que se cierne sobre los mercados financieros desde 2009 muchos jóvenes de Estados Unidos se vieron, de la noche a la mañana, en la posición de vivir en la calle. La ubicuidad de los celulares baratos y la presencia del Wi-Fi gratuito facilita las cosas en la calle, pero sin duda no las arregla.

Según un largo reportaje de Newsweek, existen personas como “Nuke”, alias de un joven médico que recuerda lo que llevaba consigo el primer día que tuvo que dormir en la calle: “Un teléfono, un iPod, un GPS TomTom, un atlas, una laptop, y el Wi-Fi gratuito no era fácil de hallar”. Luego de varios años en la calle, el especialista en heridas de combate “Nuke” vive en una pickup Ford del 91, tiene un smartphone, una laptop y el internet gratis abunda.

Los “homeless Millennials“, los nuevos desclasados, parecen vivir en una suerte de reality show de supervivencia, camping en exteriores e ingenio para conectarse a internet y cargar la batería del teléfono. Pero esto no tiene nada de glamouroso: “Uno tiene que prestarle atención al clima cuando vive afuera”, dice Mike Quain, un percusionista callejero de 22 años. “Si hace mucho frío en alguna parte, nos vamos lo más al sur que podemos. Y a nadie le gusta ser sorprendido por la lluvia. La lluvia no es ni por poco divertida cuando no tienes un lugar seco a donde ir”.

Otros, como “Huck” utilizan Google Maps, hacen llamadas y utilizan el Wi-Fi para ubicar amigos o aliados y luego apagan el teléfono. En realidad, la tecnología en los homeless tiene que ver con un uso muy estricto de supervivencia, y no tanto para el ocio. Si para cualquier persona de clase media las redes sociales son un sinónimo de ocio y entretenimiento, para los sin-casa se trata de una herramienta más, entre otras, para mantenerse con vida. Además están las restricciones prácticas: “sólo podemos cargar la batería por períodos cortos, tal vez una vez al día, o en ocasiones pasarán 2 o 3 días entre cargas”.

Un estudio de la Universidad de Sidney, en Australia, encontró que 95% de los sin-casa poseen un móvil;  un estudio similar de la Escuela de Salud Pública de Boston mostró que 89% de loshomeless veteranos en Massachusetts tenían al menos un dispositivo electrónico.

 

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