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Rarámuri: Los de los pies ligeros

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En el territorio de Chihuahua, a unos 2,000 metros sobre el nivel del mar, vive un pueblo nativo rodeado por montañas. Sus chozas, hechas de troncos acomodados de forma horizontal, se extienden a las orillas de las montañas, cerca de los arroyos y las altas mesetas. Su nombre hace alusión a una antigua tradición, correr, que les da el nombre, y el honor de ser llamados Rarámuri o Tarahumaras, que significa los de los pies ligeros.

Se cree que sus antepasados pudieron haber cruzado el estrecho de Bering hace casi 15,000 años, provenientes de un pueblo guerrero formado por diferentes grupos que basaban su economía en la agricultura, la caza y la recolección. Los primeros Rarámuri eran politeístas, creían que el mundo era presidido por seres sobrenaturales que regían la tierra, entes piadosos como el sol y la luna que controlaban las lluvias, las cosechas y los animales, pero también individuos perversos como los señores del inframundo, que traían con ellos muerte y desastres.

Los Rarámuri vivían en paz y sus gobernantes se encargaban de proteger el territorio y garantizar el orden, pero a partir del año 1600 sus vidas empezarían a cambiar. En 1606, los misioneros jesuitas tuvieron el primer contacto con indígenas en la sierra y para 1632 ya se habían establecido permanentemente. Esto provocó el disgusto entre los pueblos que se levantaron en contra de la labor de evangelización. Pero los pueblos indígenas no pudieron hacer nada contra las fuerzas del gobierno de la Nueva España. Muchos huyeron y otros, los que se quedaron en el territorio, acudieron a los jesuitas quienes los protegieron de los abusos del nuevo gobierno.

Debido a esto, los Raramurí se vieron obligados a volver a una vida seminómada y completamente aislada para asegurar la preservación de su cultura, pero ciertas cosas habían cambiado. Después del contacto con los misioneros, los Rarámuri adoptaron una religión única, mezcla de lo viejo y lo nuevo, el catolicismo y el chamanismo. Son un pueblo religioso, en sus rituales cantan, danzan y rezan acompañados de sonajas, mientras narran la vida de sus dioses y antepasados. Para ellos la danza es la mayor forma de oración, la mejor ante los ojos de Repá Betéame o El que vive arriba.

Desde sus inicios,  la base de la sociedad Rarámuri ha girado en torno a la familia, la unidad más estable, el vínculo más fuerte y definido en su vida. Los padres Rarámuri nunca regañan a sus hijos ya que desde muy pequeños los consideran como iguales, la madre tiene una sola palabra para referirse a todos sus hijos a diferencia del padre que usa una para los niños y otra para las niñas.

Desde muy pequeños, se espera de los niños tarahumaras la capacidad de decidir por sí mismos, y se les da la responsabilidad de cuidar las tierras y los animales, los hijos dependen de los padres hasta que salen de su casa para tomar cónyuge. Cuando el padre envejece regresa a vivir con alguno de sus hijos, pero cuando le llega la hora de pasar a la otra vida, es llevado a vivir a una casa separada de la familia, donde recibe regalos como comida y ropa. Al morir, su familia da inicio a una serie de rituales para guiar a su alma hacia el mundo espiritual.

La filosofía de su pueblo está fundamentada en el respeto a la persona, y su dignidad por encima de las cosas materiales, razón por la que viven en paz con otras comunidades.

Dicen los tarahumaras que, en el principio de los tiempos existían dos niños, que subieron a una montaña donde encontraron tres granos de maíz y tres de frijol. Los niños plantaron los granos y de ellos nació el pueblo Rarámuri, un grupo que parece no haber sido tocado por el tiempo, un poblado aislado que conserva sus tradiciones, su filosofía y su estilo de vida.

Ellos son parte de nuestro mundo, son los elegidos para preservar nuestras raíces, que muchas veces no honramos. En sus costumbres se esconde el legado que después de tantos años, hemos transformado. Pero si no cuidamos esta vértebra de nuestra sociedad, habremos perdido el respeto que nos caracteriza, que de ellos hemos aprendido.

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