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Reality Show

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Fue a mitad de los años noventa que la televisión tomó un giro hacia una búsqueda diferente. Las narrativas se comenzaron a saturar, las fórmulas televisivas como la novela y las series de televisión ya parecían haber abarcado todos los temas. Los productores se dieron cuenta que la gente buscaba televisión real. Gente de la vida real en vez de actores.

El primer programa de este tipo fue The Real World (El mundo real) que explotó como un fenómeno en la cadena televisiva MTV. Una bola de adolescentes norteamericanos presentando sus vidas llenas de sexo, religión, abortos, enfermedades, muerte y drogas. Otros programas que surgieron de esto fueron los de Survivor y Big Brother. Estas series se convirtieron en franquicias mundiales, esparciéndose en muchos países.

Se le podría llamar Televisión Real también a las transmisiones deportivas, noticias, documentales, programas de entrevistas e incluso, los programas de estilo Laura en América, pero todos éstos no entran en la clasificación de “Reality Show”. En este estilo de televisión se trata de filmar a las personas durante casi todo el día para mostrar una realidad social.

Pero como el tema lo amerita, hay bastante polémica alrededor de este tipo de programación pues en primer lugar, se discute sobre su veracidad. Los creadores siempre aseguran que lo que muestran es la verdad, pero naturalmente hay decisiones de edición que hacen que se manipule para que se cuente cierta parte de la historia. También se critica que hay una historia previamente planeada y hacen que los personajes “reales” la vivan.

Otro tema a discutir alrededor de este tipo de programación es que los que aparecen en los programas son humillados ante la gente, o que la gente que se hace famosa no tiene ningún mérito para ser una celebridad.

Definitivamente, es un tema interesante aunque gire alrededor de una banalidad, pues aunque ese tipo de programas no aporten nada cultural al mundo, aportan un ojo a nuestra sociedad que nos hace cuestionar el comportamiento humano. Es como si hicieran un micro-cosmos y el espectador fuera el ojo para analizarlo. Un buen ejemplo es Big Brother, en el cual literalmente hay un observador omnisciente que decide quién sigue en ese espacio. Podría representar un especie de dios.

La pregunta persiste: ¿Por qué ver un programa en el que no pasa nada? ¿Por qué tienen tanto rating? ¿Qué le interesa al hombre del otro para observarlo en una cotidianidad que es parecida a la suya? Muchos relacionan estos gustos raros con un problema intrínseco con la sociedad. No podemos hacer más que suponer, pero sin duda, hay un problema en nuestra sociedad que se ve reflejado en este tipo de televisión, pues estos programas funcionan como un espejo. Como si fueran un experimento social.

 

 

 

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