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Teoría del tiempo circular

El tiempo es un concepto abstracto. Sin la existencia del reloj, únicamente se medían tres puntos temporales: amanecer, el punto más alto del sol (mediodía) y la puesta de sol. Los romanos inventaron el reloj en torno al 260 a.C. en el que se dividía el día en 12 partes. La noche no la contaban. Sin embargo, la duración de las horas iba en función de las estaciones, en las que los días de otoño e invierno, tenían las horas más cortas.

Así mismo, el calendario fue evolucionando. Primero el romano, luego el juliano y finalmente el gregoriano. El romano contaba con 10 meses, iniciaba con el equinoccio de primavera, es decir en torno a nuestro marzo y terminaba en diciembre. Posteriormente se añadieron dos meses más. Los meses pasaron de 28 a 30 o 31 días y fue así como el tiempo mismo tuvo sus ajustes.

El tiempo lineal también fue otro de los “ajustes” que permitió organización, sistematización y coordinación global. Conceptos como progreso, avance, evolución, crearon una sensación de rapidez y fugacidad.

Pero no siempre fue así. La visión del tiempo circular fue la más común en las sociedades antiguas. Su origen está en la observación de los fenómenos naturales, tales como, las estaciones, crecida de ríos, posición de las estrellas durante el año, el ciclo vital de los seres vivos, etc.

El tiempo circular plantea que el tiempo es uno. Propone que el futuro puede ser modificado desde el pasado e igualmente, el pasado puede modificarse desde el presente y el presente desde el futuro.

En el psicoanálisis, por ejemplo, se hace uso del tiempo circular como una herramienta para romper con las cargas del pasado. “Resignificar” permite modificar el pasado desde el presente cambiando nuestra percepción de aquel pasado y las cuestiones vividas.

 

 

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