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USS O’Bannon: La batalla de las papas

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Corría el año 1943, los norteamericanos habían recibido información sobre un contingente japonés que había logrado desembarcar en una de las islas del archipiélago Guadalcanal, y que aquel batallón se encontraba construyendo una pista de aterrizaje con el fin de establecer una base aérea en la zona. Dicha acción podía comprometer mortalmente las líneas de navegación que tenía Estados Unidos con Australia, lo que conllevaría a un inevitable avance de las fuerzas niponas.

Tan sólo dos meses después del ataque a Pearl Harbor, se vivía uno de los puntos más álgidos de la Segunda Guerra Mundial; el destructor USS O’Bannon, perteneciente a la Marina de los Estados Unidos realizaba sus tareas diarias por el Pacífico Sur, la tripulación no podía sentirse más tranquila pues se encontraban a bordo de un poderoso arsenal flotante, tenía 114 metros de eslora y estaba armado con 22 cañones de diferentes calibres y 10 tubos lanza torpedos.

La mañana del 5 de abril se tendría un encuentro por lo que pronto, aquella máquina de guerra, alcanzaría la fama.

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A unos cuantos kilómetros del suroeste de la Isla Finuana, uno de los vigías avistó una sombra situada precisamente frente a la colosal embarcación. Era el submarino japonés RO-34. El Capitán Edwin R. Wilkinson no podía creer lo que veía, trató de guardar la compostura e hizo sonar la orden de embestir a la amenaza. Sin embargo, cuando se estaban acercando, uno de los oficiales avisó a Wilkinson que podía tratarse de un submarino minador y la estrategia del capitán ocasionaría que la explosión hundiera ambas naves. Tuvieron apenas tiempo de girar y quedaron lado a lado con aquella amenazante sombra.

Totalmente congelados y sin saber cómo reaccionar, observaron perplejos cómo de las profundas aguas emergía el pequeño submarino y un grupo de personas subía a cubierta a través de una escotilla. Un silencio espectral se apoderó de toda la tripulación, pues el sofisticado y poderoso arsenal del O’Bannon no servía de nada ante aquella pequeña distancia que se tenía con el enemigo. Es más, ninguno de los tripulantes cargaba consigo ni una diminuta pistola puesto que no era algo que ocuparan con regularidad.

¡Imaginen la escena! Un inmenso e indefenso barco ante un diminuto pero terrorífico submarino destructor.

Justamente, lo mejor de la historia sucede aquí. Uno de los marineros estadounidenses que cayó en cuenta de la situación, miró a un lado suyo y tomó una PAPA de las miles que tenían almacenadas en cubierta y… ¡BANG!

¡Bang, bang y más bang!

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Con esa suculenta selección de municiones disparó directamente al submarino. Ni tardos ni perezosos, sus demás compañeros siguieron el ejemplo e hicieron llover una tormenta de papas hacía el enemigo japonés.

A pesar de las circunstancias, el ataque cayó de sorpresa. El enemigo que fácilmente hubiera podido repeler el asalto y salir victorioso, se limitó a huir. ¿Huir de unas peligrosas papas? La realidad es que pensaron que lo que les llovía encima eran granadas de mano y ante la incertidumbre, hicieron lo que cualquiera hubiera hecho, corrieron a escotilla y el submarino comenzó a distanciarse, acción que aprovechó el USS O’Bannon para desplegar un despiadado ataque que aniquiló por completo a la amenaza.

Sobra decir que durante su larga vida (que terminó en 1970) el O’Bannon fue ampliamente galardonado y recordado como el destructor que atacó un submarino con una lluvia de papas.

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