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Virginia Woolf

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Después de una época en la que las narraciones buscaban acercarse lo más posible a la realidad en cuentos como los de Chéjov en los que se presentaba una visión ordenada y panorámica de la vida. Y las obras seguían un procedimiento casi científico en el que se presentaba un microcosmos en el cual todo tenía sentido, se presentó una desconfianza en el lenguaje.

A principios del siglo XX hubo un movimiento literario que se desarrolló con fuerza llamado modernismo y se llevó a cabo desde 1900 hasta 1940 aproximadamente, si deseamos hacer clasificaciones, la literatura de Virginia Woolf entraría en ésta.

Sus antecedentes más directos pudieron haber sido los pensamientos de Albert Einstein o Sigmund Freud que planteaban la mente humana y la vida de manera enigmática, con su imposibilidad de descifrarse.

Autores como Virginia Woolf y James Joyce fueron pioneros en plasmar el flujo de conciencia de sus personajes. Esos diálogos internos e interminables que permitían que todo lo escrito se relativizara, pues al encontrarse dentro de la mente, las ideas y sus afirmaciones eran maleables, nada estaba dicho ni terminado.

Virginia presentaba una literatura que se pensaba a sí misma, que se cuestionaba los límites del lenguaje.

Es por eso que la literatura modernista estuvo más apegada a la experimentación, tanto del lenguaje como de la estructura, la narración y la cronología. Esto sacó a la luz, la desconfianza en el lenguaje y la desconfianza en las supuestas “verdades” de los científicos anteriores.

Las obras de Virginia se encuentran entre el límite de lo racional y lo irracional y no desean caber en ninguno. Su literatura es un viaje en la conciencia de sus personajes, por ejemplo, su novela, La Sra. Dalloway trata de un día en la vida de Clarissa Dalloway, la obra observa la vida cotidiana de esta perfecta ama de casa con sus implicaciones modernas en las que fluctúan sus recuerdos, relaciones y preocupaciones acerca de cosas banales como la reunión que está preparando y sus dudas acerca de su vida y felicidad.

Virginia Woolf estuvo cerca de la literatura y de artistas importantes desde pequeña, pues su padre era un distinguido crítico e historiador. A la muerte de su padre, Virginia se muda a Bloomsbury con sus hermanos y su casa se convierte en un centro de reunión de pensadores y literatos como Ludwig Wittgenstein y E.M. Forster, grupo que se recuerda como el grupo Bloomsbury.

A sus treinta años, Virginia se casó con Leonard Woolf, un economista y también miembro del grupo que funda la editorial Hogarth Press que edita la obra de su esposa y de grandes autores, entre ellos T.S. Eliot y Freud.

Virginia siempre sufrió de depresiones y cambios radicales de humor que la llevaron a decidir quitarse la vida el 28 de marzo de 1941. La genial escritora caminó de su casa hacía el río Ouse donde fue encontrado su cuerpo días después.

Imagen de Tracy Burke

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