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Voladores de Papantla, una tradición mágica

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Algunos han visto este espectáculo, otros han oído de él, los voladores de Papantla, trata de un acto que comenzó como una llamada hacia la fertilidad de las tierras Totonacas.

Este mito trata de un momento de sequía en el que el alimento y el agua escaseó. Cinco hombres decidieron enviar un mensaje al dios de la fertilidad, entonces fue que entraron al bosque a buscar el árbol más alto y recto.

Se dice que acompañaron a ese árbol durante la noche ayunando y rogando para que el árbol los ayudara. Bendijeron el árbol, lo cortaron y lo llevaron al día siguiente a su aldea sin que tocara tierra hasta su localización perfecta para su ritual. Posteriormente, los hombres despojaron de hojas y ramas el árbol y lo fijaron verticalmente. Los hombres adornaron sus cuerpos para parecer pájaros con la intención de atraer la atención del dios. Con cuerdas atadas a sus cinturas amarradas al poste, saltaron del tope al sonido de la flauta y el tambor.

Se dice que cuando llego la conquista, la iglesia luchaba fuertemente contra este tipo de tradiciones que a ellos les parecían paganas. Pero sobre el vuelo de Papantla no comentaron nada, ya que consideraron a éste, un juego interesante.

El ritual como lo conocemos hoy, consiste de 4 hombres que se suben a un poste de 25 a 50 metros de alto. Se atan de una cuerda de la cintura o los pies y se lanzan al vacío con los brazos abiertos girando alrededor del poste. Al mismo tiempo, un quinto hombre toca música indígena con instrumentos hechos a mano. La flauta representa el canto de las aves, el tambor, la voz de dios.

Los voladores giran 13 veces, pues las 13 vueltas multiplicadas por los 4 voladores resulta en 52. Esto porque en el calendario maya cada año está compuesto de 52 semanas. Los voladores arriesgan su vida para que el nuevo sol de cada 52 años se forme.

Hoy la gente asiste a los vuelos para mantener esta tradición viva, para ayudar a los voladores económicamente, ya que se hace una donación después de cada vuelo y para celebrar festividades importantes, una gran manera de festejar la herencia cultural de México.

La ceremonia ritual de los voladores de Papantla, Veracruz, fue reconocida por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) como Patrimonio Cultural Intangible de la Humanidad. Para preservar esta gran tradición, se ha hecho oficial la Escuela de Niños Voladores del Centro de las Artes Indígenas y la conformación de un Consejo de Voladores.

Hoy hay en México una escultura de uno de los voladores representando esta gran tradición.

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