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Las supersticiones en el béisbol

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“I´d rather be lucky than good.” (Prefiero tener suerte que ser bueno) Lefty Gomez

En los deportes es común que existan ciertas supersticiones que ayudan a los jugadores a ganar cierta confianza en sí mismos. Los rituales nos dan certeza, y cuando la mente depende tanto para la calidad del desempeño, tener una mente estable y certera puede agregar un plus al juego.

Pero a pesar de que en casi todos los deportes hay fanáticos y jugadores que son supersticiosos, el béisbol es sin duda, el que más cuenta con este efecto “mágico” de la fe.

Aunque las supersticiones son algo que no podemos comprobar, son parte de la irracionalidad del hombre que no se puede evitar.

Intentaremos hacer una mera suposición de por qué este deporte se presta a tener creencias irracionales. El béisbol en las Grandes Ligas se juega 14 de cada 15 días por 6 meses, por lo que se juegan 162 partidos antes de los Playoffs. Dado la cantidad de veces que los jugadores batean, hay ciertos porcentajes que califican numéricamente su desempeño, este aspecto es lo que lo hace un deporte de estadísticas. Pero por alguna razón la palabra “suerte” está siempre cerca. Una de las supersticiones más conocidas fue la “Maldición de Bambino”, la cual comenzó en el invierno de la temporada 1919-1920 cuando los Red Sox de Boston vendieron a Baby Ruth a los Yankees. A partir de ese momento, los Red Sox no ganaron una Serie Mundial en 86 años hasta el 2004, hasta ahora no se sabe qué fue lo que desactivó la maldición.

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Hay algunas supersticiones que se han hecho “oficiales” en el béisbol como el no “cantar” un juego perfecto o juego sin hit ni carrera antes de que termine, esta regla incluso la conocen los narradores del partido.

Los jugadores también tienen sus propias supersticiones y algunas han salido a la luz, por ejemplo, el conocido Comepollos Boggs era un bateador que se levantaba a la misma hora y comía un pollo antes de cada partido.

Randy Choate es un pitcher de los Cardinals que acostumbra a limpiar perfectamente la lomita, recoge cualquier papel, basurita, vaso que esté en la tierra y lanza para calentar exactamente 7 pitchadas, no más ni menos.

Elliot Johnson de los Atlanta Braves tiene un ritual alrededor de la goma de mascar, cuando entra a la cancha a jugar segunda base, mastica Supper Bubble de uva pero cuando entra a batear cambia al de Sandía, para Johnson los “hits son de Sandía”.

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