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El potencial olvidado del capital

Parece ser que “capital”, en el latín medieval, significaba cabeza de ganado. Era un bien que siempre fue importante como fuente de riqueza más allá de la carne, leche, cuero, lana y combustible que aportan los animales. ¡El ganado se reproduce! Y así mismo, el capital.

Como término, esta palabra conjuga la dimensión física del activo y también el potencial como generador de valor excedente. Y este vocablo pronto saltó del establo al escritorio para definirlo como la parte de los activos de un país que pone en marcha una producción excedente e incrementa la productividad.

Si queremos que los activos acumulados se vuelvan capital activo y pongan en marcha una producción adicional, deben ser fijados y realizados en un objeto o actividad productiva en concreto y que perdure por lo menos un tiempo luego de realizado el trabajo. Es decir, una cierta cantidad de trabajo acumulada y almacenada para ser empleada, si fuera preciso, en otra ocasión.

Así pues, el capital no es el stock de activos acumulados, sino su potencial para dar lugar a una nueva producción.

Actualmente, el capital se confunde con el dinero, pero éste último es solo una de sus muchas formas que facilita las transacciones, permite comprar y vender pero en sí, no es el progenitor de la producción adicional.

Es preciso dejar de mirar nuestros activos como lo que son, y empezar a pensar en ellos como lo que podrían ser.

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