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Arquímedes en: Los problemas de la realeza

Herón II, monarca de Siracusa tenía un dilema entre manos. Recientemente le había sido entregada su corona imperial y aunque le fue asegurado que se trataba de una pieza elaborada completamente con oro puro, el monarca tenía sus dudas.

¿Cómo comprobarlo? Insistentemente, Herón II sospechaba que el orfebre real había sido rebajado con plata. Su inquietud al respecto, era insoportable. Por lo que, al habérsele agotado las ideas, solicitó el apoyo del estudioso siciliano, Arquímedes.

Ciertamente, era un problema endiablado, a la corona no podía raspársele para obtener una muestra y tampoco se le podía estropear de ninguna manera. Aunque Arquímedes se devanó los sesos día y noche, no tuvo éxito.

Decidió pues, descansar y relajar la mente en uno de los baños públicos. Dejó el tema de lado por un momento y se entregó al agua pero, esta vez, fue diferente.

Aunque una y varias veces había hecho esto mismo, nunca había reparado en cómo sube el nivel del agua al momento de meter las carnes a la pequeña alberca. ¡Estaba emocionado! Salió del baño y corrió a su casa en cueros, como lunático, gritando “¡Eureka!”, “¡Lo encontré!”.

Lo que había encontrado es lo que hoy denominamos el principio de Arquímedes, mismo que fue publicado en su libro llamado Sobre los cuerpos flotantes y en éste, definido como la Ley del Empuje. Según esta ley, todo objeto sumergido en el agua desplaza una cantidad de agua equivalente a su propio peso.

Arquímedes también había descubierto que un objeto que se hundiera, desplazaba una cantidad de agua equivalente al propio volumen del objeto.

El estudioso siciliano había encontrado la manera de ayudar a Herón. Ni tardo ni perezoso, colocó un barreño de agua la pesada corona de metal y utilizó su reciente revelación para determinar su volumen. Luego pesó la corona con la que supo deducir su densidad dividiendo su peso por el volumen.

¿Qué sucedió?

Lo que obtuvo de las mediciones fueron 10.5 y 19.3 gramos por centímetro cúbico, densidades de la plata y el oro, respectivamente. Las sospechas del rey se habían confirmado.

¿Las consecuencias?

Se ejecutó al orfebre real.

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