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El beso en la boca

Fue el cine uno de los responsables en mostrar que el beso en la boca era símbolo del entendimiento entre los amantes y por un buen tiempo, el cine dio razones para pensar que el beso era casi todo lo que podía ocurrir en la pareja.

Dentro del cine, según el código visual, después del beso podría haber más pero esa era la parte vedada que en realidad, no era tan importante porque el beso entre los amantes finalmente se había logrado. Lo demás es pornografía y voyerismo, perteneciente a las patologías.

El beso en la pantalla es el triunfo del amor después de la tensión del cortejo, de superar las vicisitudes y peligros de la separación, catarsis, etc.

Quizá sea por eso mismo que, en los oscuros mundos de la prostitución el beso en la boca está reservado. Las mujeres pueden tolerar cualquier heterodoxia pero solamente dan o reciben besos que van del cuello para abajo sin importar el lugar donde aterricen. Los besos en la boca son para el amor.

Incluso Ovidio, en el Arte de amar, ilustra el gusto de los romanos por los besos y su uso en el amor:

 

¿Quién, si es un experto, no mezclará besos con palabras tiernas? Aunque ella no te los dé, róbaselos tú a pesar de no dártelos. Es posible que al principio luche contigo y te llame “sin vergüenza”, pero deseará sin embargo que la venzas en la lucha…

El que ha conseguido besos y no ha conseguido también lo demás, será digno de perder incluso lo que se le dio.

 

 

 

 

Los besos debieron ser desde entonces, la manifestación semipública del amor, una síntesis de todo lo deleitable que ocurre entre amantes, porque los besos entre casados no tienen gracia. Los besos son parte de la lucha entre amantes; ellos buscando conseguir el favor de las muchachas y ellas resistiéndose lo necesario para cumplir con el decoro.

Los romanos se besaban y antes de Ovidio estuvo Catulo para ilustrar, en Cármenes el cómo se hacía.

…Dame mil besos, y después un ciento;

luego otros mil seguidos, después ciento.

Luego, cuando hecho habremos muchos miles,

los turbaremos, porque no sepamos,

o no pueda aojar algún malvado

Cuando sepa qué tanto había de besos.

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