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El cabello antes de la modernidad

Tradicionalmente, uno de los atributos femeninos de la belleza, había sido la de poseer una larga y abundante cabellera. Tan importante esto era que las mujeres jamás se cortaban el cabello en toda su vida.

Antiguamente, el corte de pelo estaba considerado como una forma de humillación o prueba de modestia a la que se sometían las mujeres que por ejemplo, tomaban los hábitos. También era el castigo para quien había cometido alguna mala acción.

Y aunque el cabello largo requiere gran esmero en los cuidados, es sorprendente saber que el lavado del cabello tampoco era una práctica habitual entre las mujeres de antes, no obstante, lo llevaban limpio.

Antes de trenzarlo, recogerlo y cubrirlo con tocados que lo protegieran de la suciedad, lo peinaban y limpiaban cuidadosamente con un peine que denominaban liendrera, peineta o piojera. Este era también una actividad social en la que participaban familia, amigas, vecinas para ayudarse a peinar unas a otras.

La actividad comenzaba desenredando el cabello con el peine de púas claras y gruesas, con la liendrera se iban a abriendo rayas en el pelo, separando mechones y rascando el cuero cabelludo para retirar la suciedad e incluso caspa. Si el cabello estaba muy enredado, se frotaba entonces, con harina para luego sacudirlo, dejándolo limpio y desenredado. Para nudos difíciles usaban una gota de aceite de oliva la cual, suaviza el cabello y también ayuda a fijar el peinado.

No había nada más terrible que las greñas y por tanto, una raya perfectamente recta, además del peinado alisado y puesto en su sitio era símbolo de belleza y pulcritud.

Terminado el acto de peinarse, se sucedía el proceso del lavado de los peines que se hacía bien con una madeja a modo de “peinarla” o con un trapo al que le sacaban los hilos de forma que únicamente quedaba la trama. Otra técnica era limpiando los peines en las crines de las mulas.

La trenza fue el peinado más popular, en el que todo el pelo era llevado hacia atrás, luego atado en una coleta que se podía dividir en múltiples gajos, dependiendo de la paciencia de la peinadora.

María Luisa Aznar Lahuerta, nacida en 1936 recuerda que en su infancia la peinaban con raya de lado y media melena recogida en un mechón que luego era trenzado con un lazo en la punta para, posteriormente doblarlo y con el mismo lazo, atarlo.

Finalmente, en casos extremos, el cabello únicamente era ligeramente recortado en caso de que estuviera muy estropeado o con las puntas abiertas.

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