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Ching Shih, la dueña del océano

Ching Shih

En la China de Cantón existían cientos de niños y niñas sin nombre, pero una destacó de entre las demás. Ella creció, comenzó a robar en tiendas y mercados para luego convertirse en una contrabandista a sus 16 años. Cuando llegó el nuevo siglo, decidió que su estilo de vida era muy riesgoso, por lo que empezó a trabajar como prostituta en un burdel flotante.

Una noche calurosa, un hombre entró al burdel, su nombre era Zheng Yi, un poderoso e imponente pirata dueño de la flota de la Bandera Roja. Pagó por pasar la noche con ella y se volvió su prostituta favorita.

En este punto, la historia se vuelve confusa, pues hay quienes afirman que el pirata mandó saquear el burdel, exigiendo que le llevaran a su amada junto con el botín. Algunos otros aseguran que el malhechor le pidió matrimonio. Y aunque en realidad nadie sabe qué pasó, todos coinciden en que la joven puso dos términos al pirata para acceder al matrimonio: compartir con ella los tesoros y tener poder sobre la flota. Él aceptó y ella pasó a llamarse Zheng Yi Sao (esposa de Zheng Yi)

Quienes dudaron de Zheng Yi Sao quedaron en vergüenza, pues tras seis años de matrimonio los negocios de la Bandera Roja crecieron de manera impresionante. Ella había demostrado su importancia organizando asaltos en el Mar de la China Meridional y también liderando campañas de relaciones públicas. La coacción militar fue su herramienta para que el resto de los líderes aceptaran juntarse para hacer enormes saqueos.

Su temible figura se fue moldeando con los años y también la de su majestuosa coalición pirata. Así nació una de las flotas más poderosas de aquellos tiempos.

Durante una tormenta, su esposo Zheng Yi murió tragado por el mar, pero ella no dejó que la tristeza la consumiera. A los 22 años decidió que el imperio no se hundiría junto con su esposo.

Sin mucho esfuerzo pudo convencer a Chang Pao, segundo en la cadena de mando de la Bandera Roja, en que la ayudara para hacer aún más grande su flota. Además de inteligente y valiente también era hábil para pelear. Así nació la leyenda de Ching Shih, un nombre que retumbaría en los mares por muchos años.

Su estrategia fue admirable: mientras Chang Pao lideraba las tropas, ella se dedicó a establecer negocios y armar ingeniosas estrategias militares. De esta manera, convirtió su organización pirata en un pelotón con 80 mil hombres y una vasta red de espías con la que logró controlar toda la provincia de Guangdong de la dinastía Qing.

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Sus hombres realmente no tenían opción, cuando la disciplina se rompía en las filas, el acusado perdía la cabeza (literalmente) y lanzaban los restos al océano. Esto se replicaba para ladrones y violadores. Aquellos que querían abandonar la organización, podían hacerlo pero sus orejas eran cortadas como reprimenda.

Saqueos, chantajes y extorsión fueron el pan de cada día para ella. Se podría decir que fue de las primeras criminales en implementar un control total. ¿El origen de las mafias?

No todo era anarquismo sino que, como toda organización, tenían leyes e incluso impuestos que todo comerciante que pretendiera pasar por sus dominios, debía pagar.

Su poder de batalla fue tal que el Emperador prefirió ofrecerle una especie de alianza en lugar de seguir perdiendo sus barcos y hombres en batalla.

Ching Shih no era ambiciosa, pues en lugar de aferrarse a un puesto de poder decidió retirarse y disfrutar de su botín, viviendo en paz hasta los 69 años.

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