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Cosmovisión egipcia

En un inicio únicamente reinaba el caos y las tinieblas. El caos estaba conformado por el agua primordial, era un caos eterno, sin principio ni fin; se llamaba Nun. Consistía en una masa de agua amorfa e inerte. Allí, diluido, se encontraba Atum, el Sol.

Un día, por generación espontánea, al tomar consciencia de sí, el dios primordial Atum, se creó a sí mismo. Emergió Ra sobre la colina de Heliópolis y pasando el tiempo por autoconcepción de su propia materia, se masturbó. De su semen nacieron dos hijos, Shu, varón, dios del aire y Tefnut, su hija, la diosa humedad.

Estos dos dioses hermanos, se unieron carnalmente y de ellos nacieron el dios Geb, tierra y Nut, diosa del cielo. Estos dioses, igualmente hermanos, estaban siempre juntos en total unión sexual, él debajo y ella por encima.

Nut dio a luz a cuatro dioses: Osiris (inicialmente rey de los dioses y posteriormente, señor del inframundo), Isis (diosa de la naturaleza y la magia), Set (dios de la guerra y la destrucción) y Neftis (diosa del agua y los ritos funerarios).

Sin embargo, Ra había prohibido la unión entre Nut y Geb, y definitivamente no quería más dioses compitiendo por la atención de Nut. Por ello, enfureciendo enormemente, ambos fueron castigados y condenados a estar siempre separados.

En consecuencia su padre, Shu, dios ancestral del aire, se interpuso entre ambos, cumpliendo la voluntad de Ra. De esta manera, fue como se estableció el orden y el equilibrio del mundo.

Nut, diosa del cielo, por siempre quedaría como bóveda celestial y embarazada como estaba, dio a luz a las estrellas que se adhirieron por todo su cuerpo, luciendo para siempre, como destellos, tachonando el firmamento.

 

 

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