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El derrocamiento boliviano: fundamentalismo, parte 4

El periodista e investigador francés Thierry Meyssan, experto en política exterior internacional, había publicado artículos anteriores sobre acciones y eventos encaminados a ocasionar la inestabilidad en Latinoamérica aludiendo a la crisis en la Cuenca del Caribe, Venezuela, Brasil y ahora toca el turno de Bolivia.

Aunque el enfoque central es el derrocamiento, la investigación profundiza en el origen que finalmente deriva en la salida de Evo Morales, exhibiendo las raíces más profundas que se esconden detrás del poder.

El derrocamiento boliviano es una historia contada en cuatro actos y probablemente se sigan sumando más eventos a la investigación.

Luego de autoproclamarse presidenta de Bolivia en un Parlamento sin quórum, Jeanine Áñez entró al Palacio Quemado y levantó con sus dos manos un ejemplar enorme de la Biblia, en cuya tapa podía leerse visiblemente: “Los cuatro evangelios”. Áñez exhibía el Nuevo Testamento; la parte de la Biblia sobre la que católicos y evangelistas no tienen discrepancias.

Al mismo tiempo, el nuevo comandante de las fuerzas terrestres de Bolivia, el general ‎Iván Patricio Inchausti Rioja, quien se presume es de origen croata, dirige ‎ la represión contra la resistencia de los pueblos originarios, luego de haber recibido la denominada «licencia para matar», concedida públicamente por la ‎autoproclamada presidente Jeanine Áñez.‎

El fanatismo religioso distingue a buena parte de la coalición golpista boliviana y antes que Áñez, Luis Fernando Camacho, empresario santacruceño devenido referente de las protestas contra Morales, había ingresado a la casa de gobierno con una Biblia en la mano, el mismo día de la renuncia del ex presidente. Camacho actúa como un cruzado de Dios, o al menos, así lo expresa.

Los cristianos racionales que leyeron u oyeron las declaraciones de la presidente autoproclamada ‎cuando anunciaba el regreso de la Biblia que más bien eran los ‎‎Cuatro Evangelios, y ‎que recordaron las denuncias de la nueva jefa de Estado sobre los «ritos satánicos» que ella ‎atribuye a los pueblos originarios, seguramente quedaron estupefactos creyendo y con desagrado, que esta ‎señora proviene de alguna secta. Pero no, más bien, se trata de una ferviente católica. ‎

A los obispos bolivianos les basta con mirar hacia Brasil, donde Jair Bolsonaro tiene a la Iglesia Universal del Reino de Dios como su principal aliada más allá de las Fuerzas Armadas y como subrayó el teólogo y filósofo Enrique Dussel, “el golpismo ya no viene de la mano de un catolicismo de derecha conservador, como en la época de Pinochet, sino de un evangelismo radicalizado”.

Así, ahora existe dentro del catolicismo una corriente ‎política que predica la violencia en nombre de Dios, haciendo posible el caos. Hoy, la región enfrenta a fundamentalistas que en tono mesiánico amenazan con traer violencia e irremediablemente, la inestabilidad a Latinoamérica.

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