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El infame retrato de Winston Churchill

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Corría el año 1954 y Winston Churchill había sido reelecto para ocupar el cargo de Primer Ministro, además, próximamente se conmemoraría su cumpleaños número 80, razón por la que los miembros del Parlamento británico, en compañía de otros importantes lords, decidieron obsequiarle un retrato pintado por el artesano Graham Sutherland, pero el regalo suscitó un épico conflicto entre el político y el artista.

Churchill, aquel excéntrico estadista de fuerte personalidad, tenía un gran concepto de sí mismo, pero por aquel entonces había sufrido una apoplejía y los signos de la edad eran evidentes para todos, menos para él. Además, el Primer Ministro era un pintor aficionado no muy familiarizado con el arte contemporáneo, mientras que el trabajo de Sutherland se caracterizaba por inspirarse en la realidad y los aspectos que la rodean.

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Aquella obra maestra fue revelada en un importante acto de inauguración, pero el resultado final no fue del agrado de Winston ni tampoco de su esposa, Lady Clementine, pues si bien conservó un halo de autoridad, el prolífico político se veía cansado, triste, malhumorado, desaliñado y sin fuerzas, una imagen muy distanciada del estadista que se enfrentó a Hitler.

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Churchill tuvo que tragarse su orgullo y decir que el retrato era un extraordinario ejemplo de arte contemporáneo, pero en realidad pensaba que aquella pintura lo hacía ver como un “bulldog aturdido”, por su lado, Lady Clementine lo describió como un “gran monstruo”.

Tras la muerte de Lady Clementine, el Parlamento británico quiso reclamar la pintura, pero los herederos de Churchill describieron cómo Clementine, en un arranque de cólera, ordenó a su jardinero, Ted Miles, quemar el cuadro en el jardín. Las intrigas y especulaciones no tardaron en aparecer, pues hay quienes afirman que el cuadro permanece escondido, pero nada de esto es seguro.

Por su lado, Sutherland y otros expertos del medio calificaron la desaparición del cuadro como un acto de vandalismo.

De aquella pintura valuada en 1 millón de libras esterlinas sólo quedan algunas fotografías y fragmentos del vídeo filmado por la televisora encargada de transmitir la ceremonia.

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