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Inmigrantes que llevan a México en el corazón

En 1492, tres carabelas europeas arribaron a territorio americano en búsqueda de nuevas rutas de comercio, sin saber que descubrían el segundo continente más extenso del planeta. La Niña, La Pinta y la Santa María, fueron las primeras de tantas naves europeas que llegarían a América y a México, cargadas de pasajeros peregrinos en pos de un mejor futuro y de un hogar.

Hoy, diariamente llegan a nuestro país ciudadanos de todas partes del mundo, y lo consideran su destino preferido. Después del descubrimiento del nuevo continente, México, así como muchos otros países latinoamericanos, han abierto los ojos del mundo. Con su diversidad y cultura, nuestro país ha sido el predilecto de escritores, pintores, cineastas y artistas que han llegado en busca de su inspiración.

Conoce la vida de algunos inmigrantes contemporáneos que revolucionaron nuestra forma de pensar, mientras que nosotros revolucionamos su vida.

Ikram Antaki nació en Damasco en 1948, heredando de su madre el amor por la literatura, por lo que al terminar la educación básica se enfocó en estudiar literatura, antropología y etnología. Sus estudios la llevaron a querer conocer más y en 1975 se propuso viajar hasta el fin del mundo.

Antaki, para tomar la decisión de su destino, tomó un mapa y un compás, puso una de las puntas sobre la ciudad donde nació y lo abrió hasta poder acomodar la otra punta en el extremo más alejado. Este lugar era México, donde permaneció desde entonces, hasta el final de su vida. Aquí encontró la inspiración que buscaba y se convirtió en escritora, con la publicación de 29 libros en español, francés y árabe. Además de escribir, participó en programas de radio y televisión que le otorgaron gran popularidad.

Ikram Antaki se describía a sí misma como maestra; quienes la conocieron la detallaban como una persona sumamente reservada y quienes la leyeron la reconocen por su estilo ameno y crítico, con un lenguaje claro, accesible y en ocasiones sarcástico. Fue una mujer de posiciones claras, sin miedo a expresar sus opiniones sobre la sociedad, la cultura y la política del país que la acogió. Finalmente falleció en la Ciudad de México el 31 de octubre de 2000 dejando una extensa obra literaria y una huella imposible de borrar.

En 1946 llega a México un espectáculo de lucha libre. Trae entre sus protagonistas a un originario de la Republica de Letonia, Wolf Ruvinski, un luchador que alcanzó la fama al presentarse en la Arena Coliseo el 28 de julio del mismo año.

En este país Ruvinski se convirtió en una estrella y se enfrentó a íconos como El Santo y Blue Demon, pero México tenía preparadas cosas más grandes para este personaje. Sus rasgos europeos llamaron la atención de los productores de cine quienes lo convirtieron en uno de los actores más populares del cine mexicano, participando en películas junto a Pedro Infante, Jorge Negrete y María Félix.

Ruvinski hizo carrera como luchador, actor de cine y teatro, pero también como empresario, mago y arquero. Murió en 1999 a los 78 años de edad.

En la década de los años 20 llegó a México otro extranjero en busca de refugio, Bruno Traven, también conocido con los seudónimos Traven Torsvan, Hal Croves o Ret Marut. Era un actor y escritor anarquista que huyó de Alemania poco después del término de la Primera Guerra Mundial.

Traven llegó al puerto de Tampico en 1924 donde escribe sus primeras novelas, que estaban inspiradas en la Revolución Mexicana. Con ellas, el escritor alcanza la fama mundial y continúa escribiendo sobre su nuevo país, sobre insurrecciones y de la lucha contra la opresión, con un estilo sencillo y directo, apegado a los aspectos sociales y culturales de México.

Poco se sabe de la vida de Traven en México pues se empeñaba en evitar la fama a toda costa. Se sabe que se rodeó de personajes influyentes como Frida y Diego, Siqueiros y Esperanza López Mateos, quien se encargó de traducir sus primeras novelas. Bruno Traven se casó en 1957 y continuó con su trabajo hasta su muerte en la Ciudad de México el 26 de marzo de 1969. Su último deseo fue que sus cenizas fueran esparcidas en la selva de Chiapas.

Otro escritor atraído por México fue el norteamericano Jack Kerouac, reconocido como uno de los escritores más importantes de la generación beat. Kerouac llegó por primera vez en 1950, por invitación de William S. Burroughs, otro escritor establecido en la Ciudad de México junto con su familia.

Kerouac decidió organizar un viaje por carretera y una vez en México quedó fascinado por su cultura, sociedad y estilo de vida, y dispuso una narración de este viaje en su novela En el camino. El escritor convirtió a México en su lugar de escape, donde siempre podía encontrar material para escribir y regresó en múltiples ocasiones. En 1955, durante una de estas visitas, escribió uno de sus poemas más famosos, México City Blues, compuesto por 242 estrofas dedicadas a la vida de la ciudad y una novela corta llamada Tristessa.

Así como ellos hubieron otros, Aldous Huxley, Malcolm Lowery, D.H. Lawrence, y muchos más quienes encontraron, e incluso hoy en día encuentran en tierras mexicanas, una musa inagotable, un país que los espera con brazos abiertos, cómplice de sus mejores obras, poseedor de los mejores tesoros y santuario de todas las prosperidades que se puedan disfrutar.

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