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Kamikazes: pilotos suicidas japoneses

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En el salón donde se llevaban a cabo las fiestas de despedida, los jóvenes oficiales estudiantes tomaron sake frío la noche antes de sus vuelos. Algunos lo tomaron en un trago; otros continuaban tomando [grandes cantidades]. Todo el lugar se convirtió en un caos. Algunos rompieron los focos con sus espadas. Algunos tomaron sillas para romper las ventanas y rasgaron los manteles. Una mezcla de canciones militares y conjuras llenaba el aire. Mientras algunos gritaban de rabia, otros lloraban en voz alta. Era la última noche de sus vidas. Ellos pensaron sobre sus padres, sus rostros e imágenes, las caras de sus amantes y sus sonrisas, de sus últimas despedidas a sus prometidas -todo pasó por sus mentes rápidamente. Aunque supuestamente estaban listos para sacrificar su bella juventud a la mañana siguiente por el Imperio de Japón y por el Emperador, estaban destrozados más allá de lo que las palabras pueden expresar -algunos poniendo sus cabezas sobre la mesa, otros escribiendo sus deseos, otros en posición de meditación, algunos dejando el salón y otros bailando eufóricos rompiendo jarrones de flores. Pero esta escena de absoluta desesperación no se reportó.

Kamikaze Diaries: Reflections of Japanese Student Soldiers, carta escrita por Kasuga Takeo

De manera literal, la definición de kamikaze es “aire divino”, pero popularmente es un sinónimo de locos, fanáticos y suicidas.

La misión de un kamikaze consiste en chocar un avión cargado de explosivos contra algún punto vital de los buques enemigos; lanzándose de manera osada a una altura mayor a los 5 mil metros para golpear y causar el mayor daño posible al contrario, el cual experimentaba graves pérdidas materiales y humanas.

Oficialmente, los grupos de kamikazes eran en su mayoría jóvenes de entre 25 y 35 años, aunque existen documentos con información de que adolescentes de hasta 17 años fueron utilizados por la Fuerza Aérea Imperial Japonesa para estas misiones.

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A diferencia de la creencia popular que se creó en torno a otras prácticas japonesas como el Bushido, no todos los pilotos kamikazes veían como una cuestión de honor este acto. La mayor parte de las filas se constituían por jóvenes pilotos que eran forzados por oficiales de mayor rango para llevar a cabo las misiones suicidas, donde por supuesto, los altos mandos jamás formaron parte de los escuadrones.

El primer ataque kamikaze registrado se llevó a cabo el 24 de octubre de 1944 en la Batalla del Golfo de Leyte, dónde más de 100 pilotos listos para combate, escucharon un mensaje justo antes de salir, donde les decían que debido a la extraordinaria fuerza del enemigo estadounidense, no quedaba otra opción que hacer “todo lo posible” para evitar el despegue de sus tropas.

Aquel histórico día, dos cazas japoneses se impactaron contra un transporte de tropas, destruyéndolo y dejando a los norteamericanos sin idea clara de lo que había sucedido.

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El día siguiente, otro caza japonés comenzó a sobrevolar a un portaaviones estadounidense, el cual no se dejó intimidar y atacó, consiguiendo dañar gravemente a la nave. Ésta se alejó y cuando los norteamericanos dieron por ganada esa pequeña batalla, observaron estupefactos como el avión corregía su vuelo, regresando hacía ellos a todo velocidad y soltando 250 kilogramos para luego estrellarse en línea recta contra la pista del portaaviones, causando una inmensa explosión que termino con la vida de 114 marineros y causando graves heridas a 300 personas más.

Es relevante mencionar que no todos los kamikazes fueron forzados a participar en estas misiones suicidas, algunos pilotos tenían un auténtico interés en defender a su patria, sin embargo, más de 2500 hombres perecieron en estas misiones suicidas.

El comportamiento humano bajo el contexto de una guerra nunca dejará de asombrarnos.

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