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La leyenda del nudo Gordiano

 

Esta leyenda es una de las más contadas del gran Alejandro Magno, pero a diferencia de todas sus historias, ésta no empieza con él.

 

En Frigia, que actualmente se situaría en Turquía, se necesitaba un nuevo rey, por lo que los pobladores decidieron acudir a un oráculo; esta tradición era muy habitual en esa época.

 

Lo que el Oráculo les dijo que su próximo rey llegaría a Frigia tirando de un carro con un cuervo posando sobre él. Y tal como lo predijo, al poco tiempo llegó un humilde labrador en una carreta tirada por dos bueyes.

 

El pueblo proclamó como rey a este hombre que se llamaba Gordias. Con el nuevo cargo que tenía fundó la ciudad de Gordión. En ese lugar había un templo dedicado a Zeus y en él dejó su carro atado con un nudo que tenía todos sus cabos escondidos y era imposible desatar.

 

Con el tiempo se comenzó a formar una leyenda: Aquella persona que pudiera desatar ese nudo conquistaría a toda Asia.

Alejandro Magno, en su camino a conquistar Persia, pasó por la ciudad de Gordión, donde escuchó acerca de la leyenda. Sin dudarlo fue hacia el nudo para que el mundo conociera que nada lo detendría.

Después de ver el nudo por un buen rato, Alejandro sacó su espada y corto el nudo. Después de esto dijo en voz alta “Tanto monta desatarlo como cortarlo”.

 

Esa noche el cielo se llenó de rayos que se atribuyeron al beneplácito de Zeus por la ingeniosa solución de Alejandro.

Esta leyenda fue tan famosa que el propio rey Fernando II de Aragón uso el lema “Tanto monta” en su escudo, junto a un yugo y un nudo desatado.

 

 

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