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Los vampiros que propagaron la Peste Negra

Todos estamos familiarizados con las historias de vampiros que recorren las calles buscando víctimas para morder su cuello y alimentarse de su sangre. Incluso, en muchas ocasiones, todo esto sucede dentro de un ambiente de misticismo y “romance”.

Sin embargo, antes de que llegara Crepúsculo a nuestras vidas, específicamente, durante la edad media, se percibía a los vampiros de una manera muy diferente; se tenía la firme creencia que estas criaturas eran una de las principales causas de la propagación de la Peste Negra.

Durante los siglos XIV y XVIII varias plagas se extendieron por toda Europa, lo que aumentó la creencia en vampiros, idea fortalecida por la escasa información disponible respecto de la descomposición del cuerpo.

Los sepultureros de entonces, que reabrían las fosas comunes, se encontraban con cuerpos hinchados por gases, cabello que seguía creciendo y sangre que fluía de la boca, además de que las mortajas (telas que servían para cubrir la cara de los muertos) estaban rotas (debido a las bacterias que se localizan en esa zona) dejando al descubierto los dientes del difunto.

Según algunos textos médicos y religiosos medievales los “no muertos” se alimentaban de los cadáveres infectados para chupar la vida que aún quedaba, así se mantenían vivos hasta conseguir la fuerza suficiente para volver a las calles por sangre fresca y sana.

Según era la creencia, para matar definitivamente a un vampiro se tenía que eliminar la fuente de alimento como la mortaja, en su lugar se debían colocar objetos no comestibles como un ladrillo.

En 2009 un grupo de investigadores italianos encontraron los restos de una vampiresa en Venencia. Sus restos fueron hallados con un ladrillo en la boca. Matteo Borrini, antropólogo de la Universidad de Florencia, ha señalado que el hallazgo demuestra las creencias que se tenían en épocas medievales acerca de los vampiros y la propagación de enfermedades.

Pese a que las leyendas de criaturas sedientas de sangre se remontan a miles de años atrás, nuestra perspectiva del vampiro moderno fue generada por la novela Drácula (1897) de Bram Stocker.

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