Home / Historia / Mirar el cielo prehispánico

Mirar el cielo prehispánico

Para los antiguos prehispánicos, muchas de las manifestaciones sensoriales del mundo cotidiano estaban impregnadas de una sacralidad en la que el mundo intangible y espiritual quedaba manifiesto.

Los fenómenos del cielo estaban íntimamente ligados a los fenómenos terrestres, es decir, todo lo que sucedía allá en lo alto, era también cierto para los acontecimientos aquí abajo. Lo terrenal era una reproducción del orden cósmico universal; “según el cielo, así es el mundo”.

Para los mexicas no había uno sino varios estratos celestes, cada uno con sus deidades, atributos y ocupantes. Existía un ilhuicatl tlalocan ipan meztli, un cielo cuyos habitantes eran el dios de la lluvia y la luna. En el ilhuicatl Citlalicue, habitaba la diosa de la falda de estrellas, es decir, la Vía Láctea. Ilhuicatl tonatiuh era el cielo que recorría el sol. El marcador astronómico en las ceremonias del Fuego Nuevo, que sucedía cada 52 años, era el ilhuicatl mamaluacoca donde se encontraba la constelación mamalhuaztli. El treceavo, el más alto de los cielos era el omeyoacan, ahí regían Ometecuhtli y Omecihuatl, la pareja de omnipresente, concepto de la dualidad característica de la cosmovisión y religión mesoamericanas.

 

Los mayas en la península de Yucatán observaban diferentes estratos celestes como así lo cuenta el Libro del Chilam Balam de Chumayel e igualmente, en el Manuscrito de Chan Cah. En ellos se menciona la existencia de siete cielos superpuestos y sostenidos mediante una gran ceiba verde que nace en el centro del mundo y otros cuatro árboles emergen de las esquinas. Cada rama de la ceiba sostenía los cielos y en la base, un gran cenote representaba la entrada al Metnal o inframundo. Diferentes deidades se encontraban en las capas celestes.

En la cultura maya no todo era la gran ceiba sino que también concebían al cielo como un gran saurio fantástico de dos cabezas con atributos de serpiente, lagarto, pájaro y venado, cuyo cuerpo se halla decorado con una banda de símbolos celestiales, Los fantásticos saurios o dragones celestes se encuentran detalladas en obras escultóricas en las ruinas de antiguas ciudades como Copán, Palenque y Quiriguá. El cuerpo del reptil se formaba por una banda de signos celestiales que representaban la eclíptica, es decir, el grupo de estrellas y cuerpos celestes presentes en el camino aparente del sol.

Los glifos y símbolos astrales que conforman el cuerpo de saurio, reptil, dragón de los cielos, se puede apreciar con diferentes convenciones gráficas que denotan a la luna, Venus, sol, cielo, oscuridad o noche, una entidad fantástica que ha sido denominada monstruo o animal de Marte, así como la representación glífica conocida como dios C… los epigrafistas lo han relacionado con el concepto de chul que denota lo sagrado o divino y que otros vinculan con la estrella polar.

Finalmente, también existe la tradición indígena colonial, en el Ritual de los Bacabes, se señala la existencia de cuatro grandes saurios ubicados en las esquinas del mundo, asociados con la deidad Itzam Na, donde de un saurio primigenio se forma el cielo y la tierra para posteriormente relacionarse con los orígenes del mundo y del tiempo.

Recibe lo mejor de Un día más Culto en tu mail
Suscríbete a nuestro newsletter y recibe nuestro mejor contenido

Dejar un comentario

Desplazar hacia arriba