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Pies de loto

Dice la leyenda que Li Yu, emperador de la antigua China durante la dinastía Tang (años 618-907), contaba en su palacio con un numeroso séquito de hermosas concubinas. Una de ellas, especialmente dotada para la danza, le sorprendió con una actuación sobre un escenario con forma de flor de loto, fabricada en oro, lujosamente decorada con joyas y perlas. Para llevar a cabo su danza, se vendó los pies con fuerza, empequeñeciéndolos y curvándolos para darles forma de media luna. El emperador quedó deslumbrado con su espectáculo, con sus diminutos pies y con la gracilidad que estos conferían a sus movimientos, y se enamoró perdidamente. Entonces, las demás cortesanas comenzaron a imitarla y a vendarse los pies para resultar más atractivas y especiales para el monarca…

El pie de loto era considerado la parte más erótica del cuerpo de la mujer. Para que los pies se convirtieran en loto dorado, es decir, obra de arte y objeto deseado. Los pies de loto debían medir 7cm, además de ser delgados, pequeños, puntiagudos, arqueados, perfumados, suaves y simétricos. ¡Nada de otro mundo, ¿cierto?!

La terrible tortura iniciaba a los 5 años. Se cortaban las uñas al mínimo posible, los pies se ponían a remojar en una mezcla de hierbas y sangre animal para evitar infecciones en la piel, luego se rompían los 4 dedos más pequeños para empujarlos hacia el talón y finalmente eran vendados con seda o algodón. Cada dos o tres días se repetía el ritual por los siguientes 10 años.

Después de los dos primeros años, los pies alcanzarían los 10cm. Es claro que el dolor era insoportable hasta que los nervios morían. El vendado detenía la circulación de la sangre, obstruyendo la cicatrización de las heridas. Eventualmente todo el acto derivaba en necrosis, pero ojo, era incluso mejor si los dedos se gangrenaban pues así, los dedos se podían amputar obteniendo con ello, la gran oportunidad de apretar mas el vendaje.

Los pequeños zapatitos de seda bordada esconderían entonces los muy pequeños, espeluznantes, puntiagudos y malolientes pies, pues el olor de la piel húmeda en los pliegues de la piel debía ser un aroma bastante cercano a la putrefacción. El 15% de las mujeres no sobrevivían al martirio y las que lo lograban, vivían luchando contra infecciones, parálisis o atrofia muscular.

Fue durante la dinastía Song (años 960–1279) que los pies femeninos grandes, es decir, de tamaño regular, empezaban a considerarse motivo de vergüenza. El vendado estaba generalizado entre las cortesanas de palacio y las artistas de las casas públicas chinas. Los pies eran elemento clave en el canon de belleza y probablemente más importante, símbolo de la erótica de la época.

Durante la dinastía Ming (años 1368-1644) los pies eran considerados la zona corporal más íntima de las mujeres, y su vendaje y pequeñez, un potente método de seducción. Se conservan incluso textos pornográficos alabando la sensualidad de los pies de loto y la distintiva forma de caminar de las muchachas que los tenían.

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