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Pies de loto

¿Qué es la belleza? Todo depende del ojo que la vea. Y es que conforme pasan los años, los estándares de belleza van cambiando, a veces muy rápido, pero en otras ocasiones pueden quedarse fuertemente arraigados en la cultura de un lugar.

En China los pies han sido objeto de culto, hasta hace algunos años se consideraba que los pies pequeños, además de ser vistos como algo “sexy”, también se relacionaban con riqueza y abundancia, pero durante algún tiempo, este concepto de belleza se llevó al extremo.

Según historiadores, durante el imperio del emperador Li Yu se originó una dolorosa tradición que perduraría varios años en China: los pies de medialuna o pies de loto.

Se cuenta que durante un espectáculo dedicado al emperador, éste quedó enamorado de una bailarina que había utilizado vendas sobre sus pies para formar una media luna y lograr un impacto visual en su baile. La actuación fue gratamente celebrada por Li Yu y en poco tiempo se transformó en moda para todo el imperio.

Lo ideal era que los pies midieran alrededor de 7 centímetros, para ello, las mujeres comenzaron a vendar sus pies con el objetivo de verse más “bellas” y conseguir casarse con alguien adinerado o de familia prominente.

En poco tiempo la voz se corrió y muchas madres comenzaron a vendar los pies de sus hijas pequeñas, que idealmente deberían estar entre los 5 y 7 años de edad para aprovechar que el arco del pie aún no se desarrollaba por completo.

La brutal deformación comenzaba durante el invierno, pues el frío ayudaba a mitigar el dolor. Primero se colocaban los pies en un baño de hierbas y sangre animal caliente para ablandar los tejidos. Las uñas eran recortadas y con la misma mezcla se mojaban las vendas para comenzar con el proceso, dejando los pies doblados hacía la planta.

Dicho proceso lograba que los dedos y arco del pie sufrieran diversas fracturas hasta deformarlos gravemente.

En aquel entonces y durante la dinastía Song, los pies de loto se convirtieron en símbolos de estatus, pues las mujeres con pies pequeños no podían realizar tareas domésticas, algo que se asociaba con un buen nivel económico, mientras que los hombres que se casaban con ellas suponían tener el suficiente poder para mantenerlas económicamente.

Miles de mujeres tuvieron que sufrir dolores inimaginables hasta que los nervios de los pies se terminaban de atrofiar, morían y dejaban de sentir dolor.

Aquella tortuosa tradición duró más de mil años y oficialmente, se prohibió en 1911, sin embargo, las secuelas aún perduran en muchas mujeres.

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