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El ritual de los Voladores

El ritual de los Voladores no es exclusivo de Papantla, sino que más bien pertenece a la gran Mesoamérica. Se presume que su antigüedad es de al menos unos 2500 años.

El acto de los Voladores era un juego célebre que se hacía en las grandes fiestas seculares. Se buscaba un árbol altísimo, fuerte y derecho para posteriormente, quitarle las ramas y corteza. Se trasladaba y se fijaba en una gran plaza. De este palo o mortero, pendían cuatro gruesas cuerdas que sostenían el bastidor cuadrado de madera donde se ataban otras cuatro fuertes cuerdas que se enrollaban en el árbol.

Los cuatro principales voladores se vestían de águilas o alguna otra clase de ave, dicha vestimenta lucía formidablemente cuando con ímpetu se hacían al vuelo con las alas extendidas.

La distribución de los voladores se corresponde con los cuatro puntos cardinales, el palo en el medio simboliza la quinta dirección que es el centro de la Tierra. Es justo en esta dirección donde el músico se pone en pie.

Existe una connotación fálica en el hecho de clavar el palo en el agujero cavado en la tierra, simboliza la cópula del elemento masculino y el femenino como metáfora de la fecundidad, además de simbolizar lo “de arriba” y lo “de abajo”. Antiguamente, el palo o poste también era erigido sobre tumbas colocadas al centro de los complejos arquitectónicos, en lugares consagrados a los ancestros.

El Volador expresa el movimiento antihorario del cosmograma cuadrangular, simultáneamente los voladores realizan el movimiento circular en sentido horario del cosmograma circular. Ambos movimientos representan el dinamismo original y permanente del cosmos. Los cuatro voladores debían dar 13 vueltas para completar un ciclo de 52 años, relacionado con el calendario.

El movimiento de los voladores también indica el descenso de las lluvias para el cultivo del maíz temporal, en las sequías también significa una plegaria por las aguas. En Nicaragua, por otro lado, el ritual desarrollado únicamente con dos voladores, celebra la cosecha del cacao.

Más adelante en la historia, el Códice Azcatitlán muestra una Danza de Voladores en el Valle de México, asociada a una ceremonia católica en la que también los voladores ofrecían la sangre de la lengua y orejas. No es de extrañar que esta práctica, la del ritual en su totalidad, fuera suprimida por el clero. Por su parte, el Códice Tepeucila asocia el vuelo con una ceremonia para sacrificios humanos.

Pese a que la Iglesia buscó prohibir la ceremonia del Volador, finalmente en 2009, la Ceremonia Ritual de los Voladores se inscribe en la Lista del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad de la UNESCO.

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