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El trabajo más difícil en los campos de concentración

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Al día de hoy los estragos que dejó la Segunda Guerra Mundial siguen haciendo eco. Particularmente las acciones de la Alemania Nazi se llevan la atención, gracias a su crueldad, siendo las cámaras de gas una de las atrocidades más sonadas. En ellas miles de judíos perdían la vida, posteriormente eran cremados y sus cenizas eran llevadas a puntos específicos, pero ¿quién estaba a cargo de esta ardua y horrible tarea? Evidentemente los nazis no iban a ensuciarse las manos por lo que dejaban el trabajo pesado a los Sonderkommandos.

 

¿Y qué son los Sonderkommandos? Eran “comandos especiales” formados por judíos que eran forzados a trabajar en las cámaras de gas. En este grupo sólo había lugar para hombres y los mantenían separadas del resto de prisioneros. A cambio de su labor, les daban una ración extra de comida y se les daba ocasionalmente un poco de alcohol para sobrellevar la pena.

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Los Sonderkommandos eran cambiados periódicamente y al final de su cargo eran ejecutados. Incluso la primer tarea de este comando especial era deshacerse delos cuerpos del anterior equipo. La motivación de hacer esto es que la SS los consideraba como testigos directos de sus atrocidades, por lo que no podían permitir que ninguno de ellos contara al mundo lo que ahí sucedía.

 

A pesar de las drásticas medidas de la SS, un grupo de Sonderkommandos de Auschwitz-Birkenau logró plasmar y esconder varios testimonios de lo que se vivía en las cámaras de gas. También narran sus labores como ayudar a desnudar a los presos antes de entrar, quemas los cuerpos, deshacerse de las cenizas (sin importar que fueran de su propia familia), limpiar la cámara y clasificar los restos.

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De los pocos escritos que se pudieron rescatar, destacan “En la sala donde se desnudan”, “Los preparativos para el infierno” y “El vertido del gas”.

 

El vertido del gas

 

En el silencio de la noche se oyen los pasos de dos personas. A la luz de la luna se vislumbran las dos siluetas. Se colocan las máscaras para verter el mortífero gas. Llevan dos grandes bidones metálicos, que pronto aniquilarán a miles de víctimas. Dirigen sus pasos hacia el búnker, hacia el profundo infierno, hacia allí avanzan sigilosamente. Serenos, fríos, impasibles, como si se dispusieran a realizar una labor sagrada. Su corazón es de hielo, sus manos no tiemblan ni una sola vez, con paso inocente se acercan a cada “ojo” del búnker enterrado; allí vierten el gas y después tapan el “ojo” abierto con una pesada tapadera para que el gas no pueda salir. A través de los ojos-orificios les llega el intenso y doloroso gemido de la masa, que ya se debate con la muerte, pero su corazón no se conmueve. Sordos, mudos, con frialdad impasible avanzan hacia el segundo “ojo” y vuelven a verter el gas. Así van cubriendo hasta el último de los “ojos”, y entonces se quitan las máscaras. Ahora marchan orgullosos, llenos de coraje y contentos. Han cumplido con una importante tarea para su pueblo, para su país. Acaban de dar un paso más hacia la victoria.

 

Al final los Sonderkommandos eran tan víctimas como todas las personas que perecieron en las manos de los nazis, si no cumplían con las tareas impuestas o se revelaban, encontrarían la muerte, igual que los demás.

Vernichtung der Juden in Polen durch die Nazis Zeugen des Massenmordes: ein Berg von Augengläsern in Oswiecim [Auschwitz]. Zentralbild

Vernichtung der Juden in Polen durch die Nazis
Zeugen des Massenmordes: ein Berg von Augengläsern in Oswiecim [Auschwitz].
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