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Amado Nervo: “Vida, nada me debes / Vida, estamos en paz”

Un día como hoy pero de 1919, Latinoamérica se vestía de luto. Amado Nervo había fallecido en Montevideo. Es probable que ningún otro poeta haya recibido magnas muestras de recogimiento y honras fúnebres como las de Nervo.

Juan Crisóstomo Ruiz de Nervo nació el 27 de agosto de 1870 en Tepic, Nayarit. Su pseudónimo, Amado Nervo, fue en realidad el nombre que le habían dado al nacer y con el que hizo historia.

Su carrera despuntó en la Ciudad de México donde fue conocido y a preciado. Colaborando en la famosa revista Azul, conoció a grandes autores como Luis G. Urbina, Pagaza, Othón, Manuel Gutiérrez Nájera y Rubén Darío.

Nervo llamó la atención desde su primera novela El bachiller, la historia de un hombre que se emascula para renunciar al matrimonio y permanecer en el seminario. Después llegó Pascual Aguilera, relato impactante cuyo protagonista es violado por la mujer que lo crió desde los dos años.

En 1900 viajó a París como corresponsal del periódico El Mundo, se relacionó con Verlaine, Oscar Wilde y Darío. Probablemente, el mayor impacto durante la cobertura de la Exposición Universal, fue el encuentro con Ana Cecilia Luisa Dailez, quien sería el gran amor de su vida.

Posteriormente en 1905, Nervo desarrolló su carrera diplomática como secretario de la embajada de México en Madrid sin dejar de lado la escritura. Continuó como corresponsal de El Mundo, escribía informes sobre lengua y literatura para el Boletín de la Secretaría de Instrucción Pública, además de colaborar con periódicos de Buenos Aires y La Habana. Para entonces, Nervo era reconocido y sus poemarios se vendían por doquier. Y no era para menor, entonces, los poetas eran vistos como hombres de cultura, capaces de guiar al mundo.

En 1914, debido a la Revolución, fue cesado de su cargo y en 1918, volvió a ser reconocido como diplomático, nombrado ministro plenipotenciario en Argentina y Uruguay como representante personal del presidente Venustiano Carranza.

El Primer Jefe del Ejército Constitucionalista buscaba dar prestigio internacional a la Revolución mexicana y su gobierno. Eso representaba Nervo; un poeta, auténtico embajador del amor, proveniente de una república que había pasado una década en sangrienta guerra civil. Así, a principios de 1919 partió de México para no volver.

Llegó el 16 de mayo a Montevideo como ministro diplomático en funciones pero por el agravamiento de una crisis renal, que padecía desde años atrás, irremediablemente murió en soledad sin familia, hijos o las mujeres que inspiraran su versos más emotivos.

Uruguay rindió funerales como Ministro de Estado y preparó el buque para su traslado a Veracruz. Sin embargo, el buque hizo un alto en Brasil, República Dominicana y Cuba. En todos los puertos se efectuaron honras fúnebres multitudinarias.

Escoltado por barcos venezolanos, brasileños, argentinos y cubanos, llegó a puerto el 11 de noviembre de 1919 donde la cañonera mexicana Zaragoza, también se unió al magnífico cortejo marítimo.

En su traslado a la Ciudad de México, multitudes se volcaron a las calles para ver el cortejo y unirse a la delegación de soldados uruguayos que custodiaban los restos del poeta. Miles de personas hicieron fila para el último adiós.

El 14 de noviembre fue inhumado en la Rotonda de los Hombres ilustres.

En paz de Amado Nervo

Muy cerca de mi ocaso, yo te bendigo, vida,
porque nunca me diste ni esperanza fallida,
ni trabajos injustos, ni pena inmerecida;

porque veo al final de mi rudo camino
que yo fui el arquitecto de mi propio destino;

que si extraje las mieles o la hiel de las cosas,
fue porque en ellas puse hiel o mieles sabrosas:
cuando planté rosales, coseché siempre rosas.

…Cierto, a mis lozanías va a seguir el invierno:
¡mas tú no me dijiste que mayo fuese eterno!

Hallé sin duda largas las noches de mis penas;
mas no me prometiste tan sólo noches buenas;
y en cambio tuve algunas santamente serenas…

Amé, fui amado, el sol acarició mi faz.
¡Vida, nada me debes! ¡Vida, estamos en paz!

 

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