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El Chavo del 8

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Lo que al parecer ha quedado en nuestra memoria como una gran tradición mexicana, pasó a la historia como una de las mejores comedias de la televisión. Y su éxito no fue fortuito, detrás de lo que parece una simple historia de vecindad, hay una gran narrativa de la situación de pobreza en Latinoamérica.

El escritor y creador de la serie Roberto Gómez Bolaños, conocido en el mundo creativo como “Chespirito”,(Apodo derivado de Shakespeare en diminutivo, pues para Agustín Delgado, el talento de Bolaños era parecido al del autor, aunque su estatura era muy pequeña.) tuvo la habilidad de transmitir a través de diálogos y personajes aparentemente simples, ideas y conceptos sobre una realidad social de la que no estábamos acostumbrados a ver en televisión.

Su manera de plasmar “la vecindad” con esos atisbos de inocencia, pero a la vez con la capacidad para poder expresar la cotidianidad de la existencia en la que cualquier persona, de la clase social que sea, se pudiera identificar.

La serie se transmitió por primera vez en el año 1971 y su nombre se debe al canal en el que se pasaba, el 8. El éxito del Chavo fue tal, que para 1973 ya se transmitía en muchos países de Hispanoamérica y tenía altos índices de audiencia. Se dice que la serie era vista por más de 350 millones de televidentes cada semana.

Como muchas de las grandes obras, en su inicio, la crítica fue negativa, se decía que el tema era “bobo” y “excluyente”. Lo que los críticos no fueron capaces de prever era que estaban ante una propuesta “universal”, una característica que siempre garantiza el éxito.

Y es esta misma razón, la universalidad, que hizo que la serie lograra ser vista en diferentes países como Brasil, Perú y Argentina. Países en los que sí se vive esa pobreza en la que una torta puede causar la mayor alegría. En la que la mala pronunciación se debe a la poca educación, pero en la que las emociones, las relaciones y las situaciones son tan humanas que hablan el mismo lenguaje que todos.

Seguimos al Chavo por su ingenio, ingenuidad, inocencia y bondad, y lo admiramos por su coraje de buscar compañía, algo que comer y sobretodo, sus ganas de pasarla bien.

En pocas palabras, una simple historia que dice mucho de nuestra sociedad y que sobre todo, nos hace reír como nada.

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