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Las últimas horas de Mussolini

Un día como hoy pero de 1945, Benito Mussolini muere fusilado y su cuerpo profanado por una multitud enardecida en un espectáculo macabro.

Ya el 25 de abril del 45, Mussolini, de 61 años Duce del Fascismo, líder de Italia durante dos décadas, sabía su suerte. Habiendo sido informado por colaboradores de que fuerzas alemanas en Italia se habían rendido a las británicas y estadounidenses y que avanzaban trabajosamente hacia el corazón del Reich alemán, no pudo más que planear un escape desesperado.

Sus aliados y protectores le habían abandonado, la implacable furia de sus compatriotas se le cernía encima. Deprimido pero desafiante, declaró que continuaría la lucha en las montañas con la colaboración de 3,000 camisas negras, su milicia armada.

Abandonó Milán con un pequeño grupo de seguidores y guardaespaldas. Se dirigió a la localidad de Como donde esperaba encontrarse con una numerosa fuerza de fascistas. Al llegar, la tarde del 25 no encontró ni rastro, lo que le obligó a regresar a las montañas de Grandola.

El hombre que había presumido poseer un ejército de “ocho millones de bayonetas” y una formidable fuerza aérea capaz de “oscurecer el Sol”, ahora contaba con un total de 12 elementos en las fuerzas fascistas.

Ya sin esperanza, se sumó a una caravana de vehículos alemanes que se dirigía a la frontera austriaca. En el convoy se sumaba también su amante, Clara Petacci y su hermano, ambos disfrazados para aparentar ser el cónsul español y esposa. Mussolini utilizó un casco y capote del ejército alemán, se acomodó en la cabina de un camión y se echó una manta para protegerse del fresco.

Dentro de poco fueron detenidos por guerrilleros y aunque sorprendidos, lograron identificar al dictador a quien acto seguido, arrestaron y condujeron al Ayuntamiento de Dongo.

En Milán, Sandro Petrini, futuro presidente de la República Italiana, al enterarse de la detención, afirmó que Mussolini debía ser fusilado como “un perro rabioso”. Y así fue. En el primer intento, las armas fallaron y Mussolini, según el comandante del pelotón de ejecución, se estremeció de miedo, “ese miedo animal que manifiesta uno ante lo inevitable”.

El Duce y Clara Petacci fueron fusilados, trasladados en un camión con cuerpos sin vida de otros cinco fascistas, llegaron a Milán. Al día siguiente, los restos de Mussolini y amante, fueron colgados boca abajo en un tejado de la plaza Loreto de Milán para ser objeto de burlas y desprecio.

El cadáver de Mussolini, posteriormente, fue limpiado y medido; pesaba, muerto, 62kg, medía 1.66m. Una parte del cerebro del Duce fue enviado a EUA y ese fue su final.

Mussolini, el hombre que había dominado Italia, el que se jactaba de haber inventado el fascismo, el que barrió con el régimen liberal y que prometió convertir a su nación en “grande, temida y respetada”, inevitablemente murió junto con su régimen fascista.

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