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Los apócrifos y los Magos

San Mateo es el único evangelista que hace referencia a los Reyes Magos en un breve pasaje, en el cual, pone de manifiesto que su trascendencia, es la de manifestar el misterio de la Encarnación y designar al Niño Jesús, desde el nacimiento, como dios y rey. Los regalos que entregan, cumplen la función reveladora de la magnificencia del niño que se adora y por otro lado, profetiza la misión celestial reservada al hijo de Dios.

Pero, de hecho, son cinco los evangelios apócrifos que hacen referencia a los Reyes Magos: el Protoevangelio de Santiago, el Liber infantia Salvatoris, Evangelio árabe de la infancia, Evangelio del Pseudo Mateo y el Evangelio armenio de la infancia.

El Evangelio armenio incluso habla del nombre y parentesco de estos famosos hombres. Se trataba de los hermanos Melkon, rey de los persas; Baltasar, monarca de los indios; y Gaspar, soberano de los árabes. Otro dato indica que los Magos estaban reunidos en Persia, ya que este reino dominaba sobre todos los reyes de Oriente por su poder y sus victorias.

Por su parte, la tradición oriental refiere a un pueblo en el más extremo Oriente, a orillas del Océano, que poseía un libro atribuido a Set, el cual señala la aparición futura de una estrella por medio de la cual, se habían de guiar. Esa predicción se suponía transmitida de padres a hijos, a través de las generaciones de hombres sabios de entre los cuales, eligieron a doce de los más sabios y más aficionados a los misterios de los cielos y se dispusieron a esperar esta estrella. Los llamaban, en su lengua, Magos, porque glorificaban a Dios en el silencio y en voz baja. Por fin apareció la estrella en forma de un niño pequeño y presentando Ia figura de una cruz. Les habló, les instruyó y les ordenó que emprendieran el camino de Judea. La estrella les precedía en su caminar, durante dos años.

Todavía otra leyenda señala que el viaje duró trece días en los que los Magos no tomaron descanso ni alimento. No obstante, no sintieron necesidad de ello y este período les pareció que no había durado más que un día. Cuanto más se acercaban a Belén más intenso era el brillo de la estrella, la cual, tenía forma de águila que volaba a través de los aires agitando sus alas; encima veíase una cruz.

Como es de suponer, los primeros Padres de la Iglesia debatieron largamente en torno a la figura de los Magos. Y es que es un relato verdaderamente complicado de aprehender pues había que explicar su relación con la estrella, lo cual, necesariamente implicaba el reconocimiento de la capacidad astrológica de los Reyes Magos en el sentido en que la estrella que apareció suponía la reflexión acerca de los judíos, que habían rechazado profeta tras profeta, la aparición de una simple estrella fue suficiente para llevar a los bárbaros Magos a los pies de Cristo.

Probablemente seguiremos asumiendo y suponiendo respecto de lo que aconteció. Lo cierto es que el material de San Mateo, lo mismo que el de los apócrifos, fue suficiente y sigue bastando para que, innumerables leyendas, desde la Edad Media, hayan surgido y sigan trascendiendo en la celebración de nuestras tradiciones.

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