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Pompeya: Devorados por el volcán

En México, solemos estar acostumbrados a altas actividades volcánicas, sobre todo, en los territorios cercanos a Don Goyo. Pero existe una región, muy alejada de aquí, donde un volcán alcanzó tal furia y potencia, que su rigor devoró ciudades completas, inmortalizando para siempre, bajo las cenizas, el cuadro de la vida cotidiana de aquellos tiempos. Nos trasladamos a la ciudad de Nápoles, al este de Italia, a una pequeña provincia que colinda tanto con el hermoso y tranquilo mar Mediterráneo, como con el furioso volcán Vesubio, la gran Pompeya.

Pompeya fue una ciudad sumamente avanzada, perteneciente a la Roma Antigua. La moderna urbe contaba entre 7 y 30 mil habitantes, cuando el 24 de Agosto del año 79 d.C., fue devorada por la violenta erupción del Vesubio, y sepultada por muchos años antes de ser redescubierta. Durante cientos de años, anteriores a la catástrofe, la región de Pompeya fue habitada por griegos, por etruscos, hasta que finalmente se asentaron poblaciones de oscos y samnitas, ciudadanos romanos.

La ciudad era un importante punto de mercado y comercio, por su proximidad con el Mediterráneo y el Golfo de Nápoles. Grandes cargas de mercancía, que eran enviadas a Roma por vía marítima, arribaban a los puertos de esta localidad. Pero una ardiente sorpresa esperaba paciente en las profundidades de la tierra, programada miles de años antes. En el año 62 d.C., un terremoto advirtió a las ciudades cercanas, destruyendo un gran número de templos y edificaciones que fueron reconstruidas, solamente para quedar sepultadas definitivamente pocos años adelante.

Pompeya era una ciudad muy peculiar pues, además de la forma tradicional de vida romana, contaba con tradiciones muy singulares. Para el siglo II a.C., ya contaba con un sistema de política establecido, y elecciones periódicas de su gobernante.  Pompeya no tardó en convertirse en un centro recreativo, donde incluso, las familias acaudaladas, conservaban sus casas de vacaciones, debido a la gran variedad de servicios que ofrecía.

Uno de los servicios más exóticos y famosos es sin duda el Lupanar. Derivado del latín “lupa”, que significa loba, pues así se les conocía a las prostitutas, que eran en su mayoría, esclavas griegas. El Lupanar era el más importante burdel de la zona, el único edificio que se ha construido con la finalidad de servicios sexuales. Dentro de la casa, se encuentran pasillos con cuartos situados consecutivamente. Cada uno, muestra pinturas que expresan distintas posiciones sexuales. Un ejemplo de ellas es la que muestra a Príapo, con dos falos que sostiene en sus manos.

En la casa del Poeta Trágico, una edificación decorada con exquisitos frescos que relatan la vida de los héroes, se encuentra emplazado en el portón, un mosaico decorado con un rabioso perro negro, sujetado del cuello con una cadena, y la inscripción “cave canem”, que significa “cuidado con el perro”.

El Foro era un lugar dedicado al comercio y a las reuniones de la gente de la ciudad. En su gran explanada, los comerciantes exponían sus productos a la venta, tal como se hace en estos tiempos. Había una zona especial, donde se voceaban noticias importantes de la época, como los resultados electorales, espectáculos, publicidad, e incluso aprovechado para poner quejas. Un ejemplo es la tablilla encontrada entre las cenizas que dice “Macerior ruega al edil que prohíba a la gente hacer ruido en la calle y moleste a las personas decentes que están durmiendo”.

Existen otras curiosidades que se esconden en las cenizas de Pompeya, tal es el caso de la casa de Sirico, que relataba en sus mosaicos una peculiar inscripción que dice “Salve, lucrum” o sea, “Bienvenido, dinero”. En estas épocas también existía ya el servicio de lavanderías llamadas “fullones”.

Cierto día, el fuego del volcán cubrió Pompeya, sepultando su nombre y su historia por muchos años, hasta 1550, cuando ingenieros realizaban excavaciones en el subsuelo napolitano. Los arqueólogos tardaron más de 150 años para desenterrar esta ciudad perdida, para encontrarse con la civilización intacta, inmortalizad bajo las cenizas vesubianas.

El foro, los baños, el Lupanar, las grandes casas y templos, permanecieron en un estado de conservación casi intacto. En las excavaciones, se encontraban huecos en la ceniza endurecida por los años, huecos que asemejaban formas humanas. Estos huecos fueron rellenados con yeso fresco, revelando las figuras perfectamente detalladas de personas atrapadas por el volcán.

Algunos de ellos, se encontraban tapando la boca para no inhalar gases tóxicos, otros aferrando sus joyas y tesoros, unos más que, ahorrándose el sufrimiento inevitable, ingirieron veneno, quitándose la vida. Los perros de guardia continuaban encadenados a los muros de las casas, de igual forma que los gladiadores, aún atados a sus celdas y jaulas. Una peculiar mujer se encontró junto con estos guerreros, cargada de joyas de gran elegancia.

Unas 2,000 víctimas se han encontrado, sepultadas entre la furia de un volcán que, años antes, ya había amenazado de fiereza. El único testigo fue Plinio el Joven, diciendo que “Durante muchos días antes, hubo terremotos de tierra”. Tal vez, el gran Vesubio intentaba advertir a los inquilinos de sus faldas, de una gran tragedia que nadie podía detener. Pero es cierto que tantos años después, encontramos en Pompeya un cuadro fotográfico impecable. La conservación de sus frescos y templos, las expresiones en las caras de las víctimas, son como una maqueta hecha hace cientos de años y conservada por siempre para nuestro deleite.

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