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Cefalópodos sorprendentes

De hábitos solitarios y dotados de cerebros tan grandes como complejos, poseen un sistema nervioso peculiar cuya arquitectura difiere de la que poseen los vertebrados.

Los cefalópodos son moluscos bilateralmente simétricos, sus brazos están provistos de ventosas y/o garfios, esta especie abarca a pulpos, calamares y nautilos. Sus bocas están provistas de mandíbulas semejantes al pico de un loro y lengua con bandas dentadas. Su sistema nervioso está muy desarrollado y destaca, especialmente, la compleja estructura de los ojos.

El tamaño en adultos varía entre 2cm y más de 20m de longitud total pudiendo alcanzar más de una tonelada de peso. Su locomoción se realiza por aspiración y subsiguiente expulsión violenta a través del sifón o bien, por deslizamiento sobre el fondo con ayuda de sus brazos.

La mayoría de las neuronas de un cefalópodo no se almacenan en un cerebro central, lo cual, parece que les da cierto grado de autonomía. Pareciera que desarrollaron grandes cerebros para compensar su vulnerabilidad, el cerebro de un octópodo común alcanza los 500 millones de neuronas, inteligencia que compite con la de los perros e incluso, un bebé de 3 años.

Pero, a diferencia de un vertebrado, las neuronas del octópodo se distribuyen por todo el cuerpo, brazos incluidos, que actúan como agentes de uno mismo que perciben a través del gusto y tacto. De hecho, sus brazos alojan el doble de neuronas que su sistema central. Los bucles nerviosos pueden conceder a los brazos su propia forma de memoria. Su piel es sensible a la luz y responde a ella.

Este interesante animal vive fuera de la usual división entre cuerpo y cerebro, son una isla de complejidad mental en el mar de los invertebrados. Su trayectoria evolutiva es una suerte de experimento independiente de la evolución de grandes cerebros y conductas complejas.

Y por si acaso no estuvieras suficientemente asombrado, la fisionomía del cefalópodo te pone a prueba; el pulpo tiene ¡tres corazones! Un corazón grande y dos más pequeños ubicados cerca de las branquias, éstos últimos enriquecen la sangre con oxígeno antes de transferirla al corazón grande. El corazón grande, bombea la sangre oxigenada al resto del cuerpo.

Los octópodos investigan, juegan, reconocen individuos, exhiben cualidades de cautela, temeridad, poseen habilidades casi fotográficas para el camuflaje, ven con su piel y se valen de cromatóforos (acúmulos de pigmento), iridóforos (láminas reflectantes) y leucóforos para detectar y reflejar la sombra y patrones de rocas o arena.

A nivel laboratorio, lanzan buenos resultados mostrándose muy hábiles en la resolución de laberintos o destapar jarras con alimento, utilizan claves visuales para alcanzar su meta, muestran sentido de la astucia e incluso arrojan agua a los investigadores enojosos.

Los cefalópodos no solo son conscientes de su entorno sino que se aprestan a manipularlo.

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