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Contagio ancestral: La Viruela

viruelaUno de los capítulos más específicos en la clase de Historia, es sin duda la conquista de América. Sabemos de memoria las aventuras de Cristóbal Colón, de Hernán Cortés, de los que llegaron y de los que ya estaban aquí. Sabemos que al desencadenarse la gran disputa por el nuevo continente, un factor fue esencial para permitir la victoria de los europeos sobre los nativos americanos: el contagio de la viruela. ¿Sabes realmente de qué se trata esta milenaria enfermedad?

La viruela fue una enfermedad infecciosa grave, mortal y contagiosa, causada por el virus Variola. Y decimos “fue” porque la viruela y la peste bovina son las únicas enfermedades que han sido totalmente erradicadas de la naturaleza, gracias a la intervención del hombre. En su auge, la viruela nunca tuvo un tratamiento, buscaba únicamente la prevención con la vacuna. Su nombre lo debe al latín “varius”, que hace referencia a sus variados abultamientos que aparecen en el cuerpo de una persona infectada.

Así, nos trasladamos en el tiempo hasta 10,000 a.C, cuando comenzaba a surgir la viruela entre las poblaciones. Durante siglos, sus numerosas epidemias y tipologías devastaron ciudades completas, y aterrorizaron al mundo entero; uno de cada tres contaminados moría. La enfermedad era tan mortífera que algunas culturas no daban nombre a los niños, sino hasta después de haber contraído y vencido a la enfermedad. Su poder era tan espantoso que rápidamente se extendía desde Europa hacia el resto del mundo, aniquilando a los menos afortunados y desfigurando a sus sobrevivientes. No sólo las clases más bajas eran atormentadas por la viruela, sino también los nobles e incluso reyes y monarcas.

Entonces, después de aquejar durante miles de años al viejo continente, en 1514 llega a América junto con los conquistadores y se esparce entre los indígenas, devastando a la población. Cuitláhuac, líder azteca de Tenochtitlán fue una de las víctimas del virus, al igual que el monarca Huayna Capac, de los Incas. En Chile, la viruela causaría estragos entre los mapuches.

Tal era la amenaza que el hombre, preocupado, comenzó a buscar formas de curación o de prevención a través de los siglos. En China se ejercía la inoculación o vacunación, para prevenir la viruela desde el siglo X d.C. Los monjes taoístas de Sichuán iniciaron este método y lo llevaron a la capital del imperio. En el siglo XVII en un viaje a Turquía, Lady Montagu observó cómo los pobladores se pinchaban con navajas infectadas con pus de viruela de las bestias, haciéndose inmunes a la enfermedad. A su regreso a Inglaterra, repitió y divulgó los procedimientos, haciendo uno de los mayores aportes a la vacunación en el Occidente.

En Sudamérica también se realizaban ya intervenciones de este tipo, antecedentes de las vacunas. Los escritos de los frailes que vivían en Chile documentan que, gracias a las acciones de inoculación con pus de pústulas variolosas, de cinco mil personas vacunadas, ninguna de ellas falleció. Pero no es hasta 1798 cuando Edward Jenner inicia los primeros trabajos formales sobre la vacuna y le abre las puertas, en su trabajo “An Inquiry into the Causes and Effects of the Variolae Vaccinae, a Disease Known by the Name of Cow Pox”. A partir de él, se inicia una lista interminable de científicos y médicos que aportaron sus conocimientos en pos de erradicar esta enfermedad, como Francisco Javier Balmis en España y Viktor Zhdánov en Rusia.

Pero los libros de historia también marcan el fin de dicha enfermedad. En un tiempo en que casi afectaba a dos millones de personas y gracias a una poderosa campaña de vacunación, la viruela llegó a su fin. Los últimos casos de ella en el mundo natural fueron detectados en 1975 en Bangladesh, en una niña de dos años llamada Rahima Banu, y en Somalia en un joven de 23 años llamado Alí Maow Maalin. Después de eso, en 1978 un accidente por malos manejos del virus en un laboratorio en Inglaterra, la fotógrafa Janet Parker contrae el virus y muere tiempo después, y con ella, el último rastro de viruela en el ser humano.

Oficialmente se guardaron dos muestras del virus en los laboratorios más avanzados del mundo, en Estados Unidos de América y en Rusia. A pesar de que la OMS informó oficialmente que el virus está exterminado, gobiernos de muchos países insisten en la destrucción de las últimas cepas de la viruela, por el temor de un escape o ataque biológico. Si esto sucediera, el tiempo de reacción de la industria farmacéutica no sería lo suficientemente rápido para evitar la muerte de millones de personas.

¿Sabías que en Estados Unidos de América se conserva una reserva de vacunas contra la viruela? Aunque no es ya necesario el virus para fabricar sus antídotos, nuestro vecino del norte renueva periódicamente su reserva de cuatro millones de dosis que protejan a su población. ¿Sabías que el célebre compositor Wolfgang Amadeus Mozart enfermó de viruela en 1769, con tan sólo 11 años de edad? Esta es, según afirman los estudiosos, una de las principales razones de su ceguera.

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