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Cosmovisión chamánica

Martin Prechtel vivía en Nuevo México hasta que sintió la necesidad de viajar encontrando un nuevo hogar en Guatemala. Ahí le esperaba la iniciación que le brindó su maestro Nicolás Chiviliu y pasó de ser estadounidense a hijo chamán de la Tierra.

Prechtel comparte sus enseñanzas en diferentes libros y en una entrevista regala conocimiento respecto de esta cultura que hoy nos podría parecer muy ajena.

Misión del chamán

Dice, los chamanes han existido siempre en todo el mundo. Aunque nos consideran curanderos o médicos, en realidad nos ocupamos de las lágrimas y agujeros que creamos en la red de la vida.

Y continúa, los chamanes nos ocupamos de los problemas que surgen cuando nos olvidamos de la relación que existe entre nosotros y el otro mundo que nos alimenta. Por ejemplo, si el mundo fuera un árbol, el otro mundo serían sus raíces, es decir, lo que no podemos ver, es lo que hace que este mundo tangible funcione. Debemos alimentarlo con nuestra belleza. Los mayas dicen que el otro mundo nos canta a la existencia. Somos su canción.

En la cosmovisión maya nacemos a causa de una deuda espiritual por habernos creado. Para saldar esa deuda damos regalos a la vida como lo es, sentarse a cantar, nuestra canción sale a las orillas donde viven los espíritus, al golpear la orilla, manda de regreso un eco que en realidad es la nutrición espiritual.

Deuda espiritual

Con cada invento viene una deuda espiritual que idealmente se paga con algo hecho a mano, debe ser proporcional a lo que se ha tomado para compensar la herida causada a lo divino.

La cultura occidental tiene todo tipo de inventos avanzados, considera que todo está muerto, que no hay deuda contraída. Mientras tanto, los espíritus que dan la capacidad de hacer esas cosas, mueren de hambre.

El universo está en estado de inanición y dolor emocional. Al robar del otro lado, nos arrojamos en brazos de la violencia. Es decir, el espíritu no es una fuerza omnipotente, sino una fuerza natural de gran sutileza y cuando se envilece por la codicia humana, ésta también se corrompe y lo devora todo. Se convierte en un monstruo que se alimenta de guerras, depresión, odio, etc.

Anteriormente la muerte era un sacrificio significativo. Cada vez que alguien muere, su espíritu pasa a la otra vida y debe regresar lo que tomó mientras estuvo en la Tierra, de ahí que se realicen rituales funerarios, que es una manera de pagar la deuda.

Los fantasmas

Extrañar, llorar, presentar ofrendas, es otra forma de pagar deuda. Sin embargo, cuando suceden masacres, violaciones, asesinatos y demás, no hay tiempo para llorar a tantos muertos… así es como se convierten en fantasmas que persiguen a toda una cultura. Huir de los fantasmas ha ocasionado grandes migraciones, la gente trata de vivir en un lugar nuevo, pero es inútil, finalmente se desata violencia y guerra.

Para estar en un lugar, tenemos que entender dónde estamos, cuál es nuestra historia, alimentar los fantasmas de nuestros antepasados, llorarlos. El dolor no expresado se convierte en algo tóxico. Llorar, expresar dolor se convierte en una medicina fantástica y elocuente. Hasta entonces podemos empezar a dar nuestros dones espirituales.

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