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Descubriendo la Vía Láctea

La Vía Láctea, es decir, “camino lechoso” fue denominado así por los romanos. Pero los primeros en identificarla como Galaxia fueron los astrónomos griegos Anaxágoras y Eratóstenes y se referían a ella como “Gala” que en griego significa leche. Según la mitología griega, la Galaxia se formó cuando Heracles, amamantado por su madre Hera, arrojó un chorro de leche al cielo.

Para los incas, la Vía Láctea no era sino polvo dorado de estrellas. Los europeos identificaban la vía como el camino sagrado que guiaba a los peregrinos por los Pirineos para llegar a Santiago de Compostela. En cuanto a los egipcios, era el trigo esparcido en el cielo por la diosa Isis. Incluso los esquimales tenían un significado distinto que era el sendero de nieve que surcaba la oscura bóveda celeste.

La humanidad había visto la Vía Láctea pero nadie tenía detalle de lo que realmente es. Galileo Galilei fue el primer autor en proponer explicaciones científicas. En su publicación Sidereus Nuncius, el mensajero de las estrellas, señala que la luz de la Vía Láctea se debe a la suma del brillo de un inmenso número de estrellas. Hoy sabemos que Galileo estaba en lo cierto, pues contiene más de cien mil millones de estrellas.

Hacia 1922, el astrónomo holandés Jacobus Kapteyn, haciendo uso de la calidad y cantidad de las nuevas tecnologías, refinó técnicas que dieron origen a un modelo para nuestra galaxia con un diámetro de 55 000 años luz, reducido para lo que se había pensado originalmente. Actualmente se conocen más de 150 cúmulos globulares, enjambres esféricos compuestos por centenares de miles de estrellas, ligados entre sí por fuerza de gravedad; y que las galaxias externas también cuentan con sus propios sistemas de cúmulos globulares.

Por su parte, el astrónomo norteamericano Harlow Shapley propuso que el sistema estelar, en realidad es mucho más grande que lo propuesto por Kapteyn. El modelo de Shapley considera al universo en forma de un delgado disco, cuyo centro coincide con el centro del sistema de cúmulos globulares, con un diámetro de 100 mil años luz, donde el Sol está situado lejos del centro; unos 50mil años luz.

Fue hasta 1930 cuando el astrónomo estadounidense R.J. Trumpler encontró pruebas contundentes a favor del esquema de Shapley.

Aunque la década de 1930 fue fructífera, después de muchas discusiones, se llegó a la conclusión de que las dimensiones reales del Universo excedían por varios órdenes de magnitud las contempladas por Kapteyn o Shapley. De igual manera, las dimensiones de la Vía Láctea, se habían subestimado.

Actualmente se conoce que la región central de nuestra Galaxia, aunque difícil de estudiar, posee un bulbo alargado rodeando la región central que tiene unos 10 000 años luz de radio y está formado por estrellas rojizas. Más cerca aún del centro, a unos 25 años luz, un anillo de gas en rotación con una cavidad central, casi sin gas, forma un miniespiral. Ahí mismo también se encuentra un agujero negro central supermasivo.

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