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Eunice Foote revolucionaria ambiental

En 1856 Eunice Newton Foote, teorizaba que “los cambios en el dióxido de carbono en la atmósfera podrían afectar la temperatura de la Tierra”. Para llegar a su idea de avance, se valió de dos cilindros de 76 y 10cm de diámetro. Los manipuló y calentó al sol con diferentes contenidos de gases. Lo que descubrió fue que el aire rarificado en un cilindro se calentaba menos que el aire a presión normal, y en el aire húmedo sucedía lo opuesto, es decir, sufría un calentamiento mayor.

Durante la Décima Reunión anual de la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia, una mujer destacaba de entre todos con lo que parecía ser dos páginas que anticipaban la revolución en la ciencia climática. En este documento, Eunice Foote, demostraba empíricamente y por primera vez, las interacciones de los rayos del sol en diferentes gases a través de una serie de experimentos con una bomba de aire, cuatro termómetros y dos cilindros de vidrio.

El experimento consistió en colocar dos termómetros en cada cilindro, ocupando la bomba de aire, retiró el aire de un cilindro y lo condensó en el otro. Ambos cilindros alcanzaron la misma temperatura y posteriormente, ubicó estos recipientes al sol para medir la variación de temperatura una vez calentados y bajo varios estados de humedad.

El proceso lo repitió utilizando hidrógeno, aire común y dióxido de carbono, todos fueron calentados después de exponerse al sol. De los gases probados, concluyó que el ácido carbónico había atrapado la mayor cantidad de calor, con una temperatura final de 125ºF.

¡Eunice Foote había descubierto lo que hoy conocemos como el efecto invernadero!

Desgraciadamente, tan adelantada a su tiempo, sus descubrimientos fueron censurados por las voces masculinas. Su documento ni siquiera aparecía en las Actas anuales de la sociedad.

Afortunadamente, el físico y profesor Joseph Henrry, observó con gran interés el trabajo de Eunice Foote y se encargó de comunicar su trabajo de la mejor manera posible al evidenciar lo retrógrada de la mentalidad de aquella época. En sus palabras, Joseph Henrry, decía: “La ciencia no es de ningún país ni de ningún sexo. La esfera de la mujer abarca no solo lo bello y lo útil, sino lo verdadero”.

Al respecto, Eunice Foote no pudo más que declarar:

“Algunos no sólo han mantenido, sino incluso expresado, la idea de que las mujeres no poseen la fortaleza mental para dedicarse a la investigación científica. Debido a la naturaleza de las obligaciones femeninas, pocas de ellas han tenido el esparcimiento o la oportunidad para dedicarse a la ciencia de manera experimental, pero las que han tenido el gusto y la oportunidad para hacerlo han demostrado tanto poder y habilidad para investigar correctamente como el hombre”. 

 

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