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El factor sorpresa al desnudo

Todos sabemos que nuestra vulnerabilidad se acentúa cuando el factor sorpresa ataca. Literal, ¡hace presa de nosotros!

Aunque quizá la ficción se ha encargado de ello, ningún animal marino es tan temido como el fiero tiburón blanco, no es para menos. Tanto éste como algunos otros peces cartilaginosos están súper dotados para ser implacables máquinas depredadoras. Pero la ciencia, ha descubierto su secreto.

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Tanto tiburones como rayas, producen una sustancia gelatinosa que les permite detectar campos eléctricos muy débiles. Debajo de su piel, se ocultan estructuras especializadas denominadas ampollas de Lorenzini, las cuales contienen una gelatina cuya función es detectar los pequeños pulsos eléctricos que sus presas emiten posibilitando así, la percepción de movimiento a cientos de metros de distancia.

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Hasta el momento se ignora el funcionamiento preciso de esta gelatina aunque se sabe que su conductividad eléctrica es baja, es decir, casi un aislante. Lo anterior, emociona a cualquiera ya que, haciendo memoria, la conductividad es la capacidad de transferencia de los electrones de carga negativa y no de los protones con carga positiva, como es el caso de esta aún misteriosa gelatina de Lorenzini.

Aunque los científicos admiten que la esencia del factor sorpresa de estos animales, aún está por descubrirse, ya se saborean las posibles futuras aplicaciones de este gran hallazgo.

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Necropsia de tiburón zorro que muestra las ampollas de Lorenzini. Facultad de Veterinaria, Catalunya 2015

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