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Mandrágoras, rituales y brujería

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Estas curiosas criaturitas de la naturaleza han sido un buen pretexto para echar a volar la imaginación. Las mandrágoras han sido el centro de leyendas y supersticiones. Bastaba con un rito para obtener la magia de dicha raíz. Durante la Edad Media se debía seguir este proceso:

– La mandrágora será extraída por un perro negro, se le atará una cuerda al cuello y al correr en pos del amo, se llevará consigo la planta entera que lanzará gemidos de niño herido. A continuación se sacrifica al perro a las divinidades subterráneas y se entierra en el mismo agujero de donde salió la raíz. –

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Pese a las complejidades que el rito mismo supone, éste solo podía funcionar si se trataba de una mandrágora que hubiera crecido bajo la eyaculación postmortem de algún ahorcado.

Se decía también que esta planta contenía el alma de los desesperados y quien la poseía, podía escapar a los atentados y volverse invisible. Y, si se cuidaba 7 años, se decía que se transformaba en un niño tras un extraño y complejo ritual. Igualmente, se creía que si se le cuidaba y mantenía bien cobijada, movería su cabeza para afirmar o negar las preguntas que le fueran hechas.

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Pues bien, resulta que dentro de todo, sí hay algo especial en la Mandragora officinarum, cuya raíz tuberculosa con figura humana que puede alcanzar más de un metro de longitud, contiene atropina, un alcaloide que se usa como fármaco anticolinérgico que, entre otros efectos, provoca: mareos, dificultades para respirar, dilatación de pupilas, aceleración del ritmo cardíaco, bronco – dilatación, efecto depresor sobre terminales nerviosas y el cerebro que, ingerida directamente puede provocar la muerte. Manipular hojas, frutos y en especial su raíz provoca intoxicación por lo que no es recomendable.

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