Home / Música / La Marcha nupcial

La Marcha nupcial

Para las mujeres, existe un sonido muy especial, que hace que el corazón brinque de felicidad. Son cuatro notas de trompeta, la última alargada. Es el sonido de lo más puro del compromiso, de la aceptación del otro como compañero de vida, es la entrada triunfal del amor, a la vista de los testigos. Es la marcha nupcial, el himno con el que una jovencita entra a la iglesia, donde un impaciente joven la espera para jurarse el uno al otro.

No sabemos si todo esto lo pensaba en su momento, el compositor, director de orquesta, poeta y teórico musical alemán, Richard Wagner Lohengrin, en 1850.

La infancia de Wagner se vio influida por su padrastro, Ludwig Geyer, actor, pintor y poeta, que promovió su temprano entusiasmo por toda manifestación artística. La literatura, además de la música, fue desde el inicio su gran pasión, pero el conocimiento de Weber y, sobre todo, el descubrimiento de la Novena Sinfonía de Beethoven, lo orientaron hacia el cultivo del arte de los sonidos.

De formación autodidacta, sus progresos en la composición fueron lentos y difíciles, agravados por una inestable situación financiera, y la necesidad de dedicarse a tareas diferentes. Así transcurría su vida, hasta el estreno, en 1843, de El holandés errante. Tannhäuser y Lohengrin señalaron el camino hacia el drama musical, la renovación de la música escénica que llevó a cabo Wagner, tanto a nivel teórico como práctico.

No sólo en el aspecto formal fue revolucionaria la aportación wagneriana, en los campos de la melodía, sino también en la armonía y la orquestación con el uso de una orquesta sinfónica de proporciones muy superiores a las que tenían las habituales orquestas de ópera.

Sus ideas tuvieron tantos partidarios como detractores. Uno de sus más entusiastas seguidores fue Friedrich Nietzsche, a quien le unió una cercana amistad y después, una separación definitiva. También fue cercano al rey Luis II de Baviera, que gracias a su ayuda económica, el músico pudo construir el Festspielhaus de Bayreuth, un teatro destinado a revivir la música de J. S. Bach, cuya complejidad superaba con mucho, la capacidad técnica de las salas de ópera convencionales.

En 1876 procedió a su solemne inauguración, con el estreno del ciclo completo de El anillo de los nibelungos. Wagner dedicó los últimos años de su vida a concluir la composición de Parsifal.

Dicen que la Princesa Victoria eligió ésta melodía, como música de salida de su propia boda. La realidad es que hoy en día, es uno de los himnos más célebres. No cabe duda que entre todo el repertorio musical clásico, la Marcha Nupcial de Wagner abre cada poro de la piel de quien la escucha, y evoca en la memoria, sus más bellos recuerdos.

Recibe lo mejor de Un día más Culto en tu mail
Suscríbete a nuestro newsletter y recibe nuestro mejor contenido

Dejar un comentario

Desplazar hacia arriba