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Cómo ser un guerrero

Traducido del tibetano pawo, guerrero significa “persona valiente” y en este sentido, la condición de guerrero es la tradición de la valentía humana, la tradición de la intrepidez.

Entre los indígenas de Norteamérica, existía una tradición semejante que también se encontraba arraigada en las sociedades de Sudamérica.

Por su parte, el samurái de Japón representaba igualmente una tradición guerrera basada en la sabiduría y en principios de iluminación como también se observó en sociedades cristianas de Occidente. Se desprende de ahí, el rey Arturo, ejemplo legendario del espíritu guerrero y grandes reyes bíblicos como el rey David, ejemplo de la tradición judeocristiana.

La tradición tibetana, indica que en nuestro planeta y a lo largo de la historia, han habido muchos ejemplos espléndidos del espíritu del guerrero cuya clave, según esta tradición, es no tener miedo de ser quienes somos.

Así, la definición de valentía, en última instancia es no tenerse miedo a sí mismo. La visión iluminada indica que frente a los grandes problemas del mundo, podemos ser heroicos y bondadosos a la vez. Explican que el miedo de nosotros mismos y el miedo a una amenaza aparente, nos impulsa al egoísmo para volcarnos en nuestro propio refugio seguro, alejándonos, aislándonos de nuestra sociedad.

La senda sagrada del guerrero enseña que tenemos la capacidad de trascender nuestro propio pensamiento para que éste vaya más allá de la seguridad de nuestro hogar, más lejos que la escuela de nuestros hijos, o la oficina, etc. más lejos para encontrar una forma de ayudar a este mundo y a esta sociedad.

Sin embargo, ayudar significa que, primeramente, debemos descubrir qué es lo que intrínsecamente, tenemos para ofrecer al mundo. Lejos de imponer alguna idea, debemos de extraer lo valioso de nuestra experiencia para ayudar, inspirar y elevar nuestra existencia. Únicamente cuando podemos descubrir ese fundamento de bondad en nuestra propia vida, es como podemos abrigar alguna esperanza de mejorar las vidas ajenas.

Todo ser humano tiene una naturaleza básica de bondad, y en esa bondad hay un contenido inmenso de aprecio y ternura. Nuestra naturaleza básica se amolda naturalmente a la bondad de las situaciones. El potencial humano de inteligencia y dignidad armoniza con la vivencia de la belleza de este mundo.

La esencia del camino del guerrero, la esencia de la valentía humana es poder ver nuestros defectos sin sentirnos culpables o inadecuados, y al mismo tiempo, ver nuestra capacidad de brindar bondad a los demás. Decir la verdad sin rodeos y ser absolutamente abiertos al tiempo que somos firmes y constantes. Es negarse a desesperar de nada ni de nadie.

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