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El Estridentismo

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El Estridentismo fue un movimiento artístico que comenzó en 1921 tras el lanzamiento del manifiesto llamado Actual N-1 dirigido por el poeta Manuel Maples Arce. Este movimiento forma parte del futurismo y generalmente describe la estética del mismo.

Los estridentistas no pertenecían a ninguna revista literaria, pues surgieron desde afuera de las instituciones literarias, ya que no se encontraban en la política y los medios principales de los intelectuales mexicanos.

Lo interesante de este movimiento mexicano es que gracias a que se encontraban en esa postura externa a la institucional, pudieron proponer ese nuevo lenguaje que se acercaba a la cultura popular mexicana, a partir de esto asimilaron otras vanguardias como el futurismo, cubismo y el dadaísmo desarrollando una visión propia, mexicana, de una dimensión actualista y social que derivó de la Revolución.

Pero no estuvieron solos, los Contemporáneos, que son los más reconocidos de los académicos, representaron el impulso de la renovación estética y cultural hacia la literatura moderna. Ellos sí publicaban revistas pues estaban involucrados con la Academia, entre sus más importantes estuvieron, Semáforo (1924) y Horizonte (1926-1927).

Los estridentistas propusieron en su poesía imágenes realistas en las que mezclaban la naturaleza con lo mecánico. En 1923 presentaron su segundo manifiesto titulado “Irradiador”. Ahí presentaban poesía con imágenes geométricas en las que no buscaban expresar un significado sino diferentes sentidos, pues sus poemas eran claros y “lógicos”.

Pero los estridentistas no se quedaron mucho tiempo, fue sólo hasta 1927, después de esa fecha, sus integrantes se dispersaron y cada uno siguió diferentes caminos, aunque el estridentismo sí quedó marcado en la historia literaria de México como uno de los que permitió la apertura a la revolución por un lenguaje moderno y mexicanizado.

Aquí les compartimos uno de los poemas de Manuel Maples Arce titulado Paroxismo:

Camino de otros sueños salimos con la tarde;
una extraña aventura
nos deshojó en la dicha de la carne,
y el corazón fluctúa
entre ella y la desolación del viaje.

En la aglomeración de los andenes
rompieron de pronto los sollozos;
después, toda la noche
debajo de mis sueños,
escucho sus lamentos
y sus ruegos.

El tren es una ráfaga de hierro
que azota el panorama y lo conmueve todo.

Apruo su recuerdo
hasta el fondo
del éxtasis,
y laten en el pecho
los colores lejanos de sus ojos.

Hoy pasaremos junto del otoño
y estarán amarillas las praderas.

¡Me estremezco por ella!
¡Horizontes deshabitados de la ausencia!

Mañana estará todo
nublado de sus lágrimas
y la vida que llega
es débil como un soplo.

 

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