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El Zaratustra de Niestzsche

Tras publicarse las Obras Completas de Nietzsche, su hermana Elisabeth-Föster Nietzsche, se reserva la introducción de cada uno de los escritos. Sin embargo, el interés histórico de éstos es profundo y son escritos desde la perspectiva de su hermana, con datos de la época a la que ella tenía acceso.

La siguiente, es la introducción de Así habló Zaratustra:

El «Zaratustra» es la obra más personal de mi hermano, la historia de sus experiencias más íntimas, de sus amistades e ideales, de sus entusiasmos, de sus desilusiones y dolores más amargos. Pero sobre todo en él se eleva resplandeciente la imagen de su más alta esperanza, de su meta más lejana. La figura de Zaratustra la ha tenido mi hermano en mente desde su más temprana juventud; me escribió una vez que ya de niño la había visto en sueños. A esta figura de sus sueños le dio distintos nombres en distintas épocas: «pero finalmente – escribe en una de sus notas tardías – tuve que honrar a Zaratustra, un persa. Los persas fueron los primeros en tener una visión de la historia en su totalidad. Una sucesión de desarrollos, según ellos, cada uno presidido por un profeta; y cada profeta tiene su Hazar, su reino de mil años».

Zaratustra (Medina, 628? – 551 a.C.) fue un profeta persa, fundador del zoroastrismo quien predicó una nueva religión basada en la adoración de una deidad suprema denominada Aura Mazda u Ormuz “Señor Sabio”, acompañada de los seis espíritus de la verdad, la justicia, el orden, la docilidad, vitalidad e inmortalidad.

El zoroastrismo ejerció importante influencia en el judaísmo e incluso ahora, muy presente en la doctrina cristiana con la idea del mundo dominado por la lucha entre los principios del bien y el mal.

Y continúa:

…Nietzsche ya tenía en su juventud, la idea de que “la meta de la humanidad está en sus ejemplares más elevados” junto con “…una nueva tabla de valores debe ser colgada sobre la humanidad, es decir, el hombre fuerte, poderoso, portentoso y rebosante de vida y elevado a su zenit, hasta el superhombre, él se nos pone ahora con pasión superpoderosa como meta de nuestra vida, de nuestra esperanza y de nuestra voluntad.

Es en 1881 (y hasta 1885) cuando Nietzsche decide darle voz a Zaratustra, después de muchos años de una salud débil y mala. Al respecto, las no pocas notas de Joseph Breuer, neurofisiólogo y protector de Sigmund Freud, refieren sobre un horrible conjunto de síntomas, tales como “monstruosas jaquecas que le paralizaban, mareos, vértigo, pérdida del equilibrio, náuseas, vómitos, anorexia, asco por la comida, fiebre, abundante sudor nocturno que le obligaba a cambiarse de camisa de dormir dos o tres veces por noche, accesos de fatiga que a veces rayaban en parálisis muscular generalizada, dolor gástrico, hematemesis, calambres intestinales, estreñimiento continuo, hemorroides y, por último, problemas de vista (fatiga ocular, inexorable deterioro de la visión, ojos lagrimeantes y doloridos, vista nublada e hipersensibilidad a la luz, sobretodo por la mañana), destellos visuales, que por regla general precedían a las jaquecas; un insomnio que no respondía a ninguna medicación; fuertes calambres musculares por la noche; tensión generalizada; rápidos e inexplicables cambios de humor”.

La mayoría de los autores piensa que el colapso nervioso de 1889 que lo llevó a la demencia y parálisis fue provocado por la sífilis que padecía. Los menos indican que el colapso se debió a la esquizofrenia.

Algunos estudiosos de su biografía comentan que es posible que, cuando escribía Zaratustra, pudo haber estado en el período de demencia en el que, la racionalidad está indemne en plena demencia esquizofrénica y donde el discurso es racional aunque los contenidos sean extraños.

Desde niño, Nietzsche padecía síntomas de esquizofrenia: alucinaciones visuales y auditivas, bizarría, afectividad plana, grandiosidad, narcicismo, soledad, depresión, etc.

Aunque la introducción continúa por páginas enteras, Elisabeth destaca:

“… de lo que más se quejaba [Nietzsche] era de su condición espiritual, esa indescriptible soledad, para la cual encuentra en Zaratustra, palabras tan desgarradoras(…) Mi hermano estaba muy abatido por esa falta de comprensión…”.

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