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Fibonacci en la poesía

Algunos autores han seleccionado la secuencia Fibonacci para estructurar sus poemas. Uno, uno, dos, tres, cinco, ocho, trece, etc. Los “Fibs” o poemas Fibonacci son formas poéticas en donde cada verso tiene tantas palabras (respectivamente sílabas e incluso letras) como el número correspondiente a la secuencia de Fibonacci. 

El mexicano Esteban López Arciga regala un ejemplo de lo anterior en su serie Las torres de Fibonacci, en el cual, cada verso tiene tantas sílabas como los números de la serie hasta el 34. En algunos casos, el poeta se salta la regla de las sílabas, siendo en ocasiones un número cercano al de la sucesión.

En el ejemplo, se ha añadido el número de la serie a la que corresponde:

Creo (1+1)
que (1)
debo (2)
confesar (3)
las ocasiones (5)
en las que yo también lloré (8)
al saberme mortal, saber que moriría (13)
en penumbra, tan ignorante como al principio de mi existencia. (21)
No comprendo lo que mis ojos ven próximo o a lontananza, ni los sollozos de soledad que mi mente susurra. (34+2)

Otro ejemplo es el de Luis Alvaz en donde el número de sílabas crece para luego decrecer:

[…]

si (1)

es (1)

el sol (2)

un río (3)

cantando mares (5)

y los fervientes planetas (8)

que rondan en el espacio como saetas (13)

son el comienzo en que las estrellas parecen retroceder del tiempo (21)

como el caracol que arremete siendo espectro silente en las comisuras de la tierra cuando parece dormitar (37/34)

y el arduo dilatar de los mares se transfigura en torrente sanguíneo (24/21)

como en los latidos superfluos de nostalgia (14/13)

cuando aparece un murmullo (10/8)

en las orillas (5)

que ciega (3)

al sol (2)

si (1)

es (1)

[…]

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