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Había una vez una hermosa asesina

Los cuentos tan populares que hoy inician con “Había una vez…” no siempre tuvieron el clásico y conocido final de “…y vivieron felices para siempre” como los conocemos hoy.

Lo cierto es que muchos cuentos fueron recuperados de la tradición oral, de ahí que existan diferentes versiones con inusuales y en ocasiones, sangrientas escenas.

La Cenicienta es uno de los cuentos más populares, incluso existe una versión de la antigua China en la que madrastra e hija son encerradas en una cueva donde morirán lapidadas.

En la versión publicada del Pentamerón de 1634, Giambattista Basile brinda un refrescante twist a la narración en donde la malvada institutriz de Cenicienta, anima a la niña a asesinar a su madrastra:

“…ni tarda, ni perezosa, le parte el cuello a su madrastra contra la tapa de un baúl de madera.”

Después de eso, el cuento mantiene su lúgubre narración, pues la malagradecida institutriz desposa al viudo y Cenicienta es destinada a las duras labores de la cocina.

Los hermanos Grimm no pudieron sino imaginar más sangre pues las hermanastras, ambicionando el matrimonio con el apuesto príncipe, mutilan los dedos de sus pies e incluso cortan pedazos del talón para hacerse encajar en el codiciado zapato. ¡Hay que imaginar el sufrimiento de aquellas pobres! Pero lo que finalmente las delata son los torrentes de sangre que brotan a borbotones de sus pies.

Aún más los Grimm, inconformes con la tortura propinada a las hermanastras, deciden castigarlas todavía más haciendo volar una bandada de pájaros que desgarran los ojos a las ya ensangrentadas damas en represalia por su maldad.

Y colorín colorado, seguro que con cualquiera de estas versiones nuestra infancia hubiera sido tanto más dulce.

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