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Khalil Gibrán: Una píldora de sabiduría

Khalil Gibrán escritor y filósofo libanés nacido en 1883, fue uno de los escritores más populares de Estados Unidos y uno de los árabes más exitosos del mundo por su obra El Profeta, libro que conjunta 26 ensayos poéticos.

Por su obra dedicada a consolar el alma, privilegio de pocos elegidos, se le consideró el más romántico y único en cuanto a expresión poética, en la que, belleza y espiritualidad se convirtieron en sinónimo de “gibranismo”. Su lenguaje toca el alma y sus lecturas son enseñanzas espirituales.

Creador de hermosas imágenes poéticas, maestro en el uso de la metáfora, sus palabras muestran la vigencia de su pensamiento en la actualidad y, probablemente, resonarán en la eternidad.

“No pregunten qué puede hacer su país por ustedes. Pregunten qué pueden hacer ustedes por su país”.

Fue la cita elegida por John F. Kennedy para su discurso inaugural como presidente de Estados Unidos en aquel lejano 20 de enero de 1961.

A continuación un pequeño cuento contenido dentro del libro El vagabundo que con sencillez, finalmente resulta como píldora de sabiduría y auténtica lección de vida.

 

Aquel viejo, viejo vino

Existió una vez un hombre rico, muy orgulloso de su bodega y del vino seleccionado por él, y más lo estaba de una vasija con vino añejo que guardaba para alguna ocasión especial.

El gobernador del estado fue a visitarlo y el hombre, luego de pensar se dijo: “No destaparé esa vasija por un simple gobernador”.

Y un obispo de la diócesis lo visitó, pero él dijo para sí: “No, no destaparé la vasija. Él no apreciará su valor, ni el aroma dará placer a su olfato”.

También el príncipe del reino llegó y almorzó con él, pero este pensó: “Mi vino es demasiado exquisito para un simple príncipe”.

Y aun el día en que su propio sobrino se desposó, se dijo: “No, esa vasija no debe ser traída para estos invitados”.

Y los años pasaron, y él murió siendo ya viejo y fue enterrado como cualquier semilla o bellota.

El día después de su entierro, tanto la antigua vasija de vino como las otras fueron repartidas entre los habitantes del vecindario. Y ninguno notó su antigüedad.

Para ellos, todo lo que se vierte en una copa es simplemente vino.

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