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La vida secreta antes de nacer

Sin duda alguna, la personalidad de cada uno de nosotros es mucho más compleja que la simple suma de lo que aprendemos en la vida… ¡sea dentro o fuera del útero!

Los rasgos de la personalidad comienzan a formarse en el útero. Nuestros gustos y aversiones, miedos y fobias, todas las conductas definidas que nos convierten singularmente en nosotros mismos, son en parte, producto del aprendizaje condicionado que inicia en el útero.

Y es que, un bebé intrauterino es muy distinto al ser pasivo y sin mente que anteriormente planteaba la literatura pediátrica. Actualmente, se sabe que el bebé, estando en el vientre materno, es un ser consciente que reacciona y mantiene una vida emocional activa.

Estando dentro del útero el bebé puede sentir, ver, oír, experimentar, degustar e incluso aprender, aunque de manera primitiva. De ahí que su percepción empiece a modelar sus actitudes y expectativas que tiene respecto de sí, de acuerdo con los mensajes que recibe de la madre.

Amplios estudios han revelado que a partir del sexto mes de embarazo, el bebé puede recordar, oír y aprender. Incluso, en un experimento realizado a 16 bebés intrauterinos, se les enseñó, con gran éxito, a responder a una sensación de vibración mediante el pataleo.

Otro estudio reveló cómo un niño intrauterino se agita emocionalmente (según su frecuencia cardiaca) cada vez que su madre piensa en fumar un cigarro, tan solo la idea de fumar, basta para alterar al niño.

En este sentido, la constante ansiedad o una intensa ambivalencia respecto de la maternidad, también pueden dejar una profunda marca en la personalidad del bebé no nacido. Emociones como alegría y regocijo pueden contribuir al sano desarrollo emocional.

Igualmente, estudios demuestran que lo que un hombre siente hacia su pareja y el bebé en el útero, es uno de los factores más importantes para determinar el éxito de un embarazo. La relación con un hombre cariñoso y sensible, proporciona a la mujer un sistema constante de apoyo emocional.

El habla, por otro lado, es uno de los aprendizajes que tienen origen en el útero. Nuestros patrones del habla son tan definidos como nuestras huellas dactilares, el ritmo idiosincrásico proviene de nuestra madre. De ella aprendemos nuestra habla, imitando el modo en que se expresa. El feto oye con claridad desde el sexto mes de embarazo y adapta su ritmo corporal al habla de su madre.

Una mujer puede influir activamente en la vida de su hijo desde antes del nacimiento. Hablar al bebé, con una charla suave y dulce le lleva a sentirse amado y deseado. No es el hecho de que entienda las palabras sino la percepción del tono de lo que se dice. El bebé es lo suficientemente maduro para percibir el tono emocional de la voz materna.

Finalmente, cabe mencionar que el niño es muy consciente de cómo nace, por lo que, proporcionar al recién nacido de un entorno cálido, tranquilizador y humano, resulta vital. Percibir ternura, delicadeza y trato cuidadoso es esencial.

Para saber más, consulta el libro “La vida secreta del niño antes de nacer” de Thomas R. Verny y John Kelly.

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