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Las matemáticas en la literatura

Miguel de Unamuno, poeta, dramaturgo, novelista, filósofo y ensayista español, con gran sagacidad, agudeza e independencia, escribió una tierna y deliciosa poesía dedicada a la tabla de multiplicar:

La tabla de multiplicar

2 × 2 son 4,

2 × 3 son 6,

¡ay que corta vida

la que nos hacéis!

3 × 3 son 9,

2 × 5 10,

¿volverá a la rueda

la que fue niñez?

6 × 3 18,

10 × 10 son 100.

¡Dios! ¡No dura nada

nuestro pobre bien!

Infinito y cero,

¡la fuente y el mar!

¡Cantemos la tabla

de multiplicar!

Rafael Alberti, poeta y dramaturgo, recibió el Premio Lenin de la Paz en 1966 y el Premio Cervantes en 1983. En su obra poética se encuentran numerosas referencias a las matemáticas, una de ellas, dedicada al número áureo:

El Número Áureo o Divina Proporción

 

A ti, maravillosa disciplina

media, extrema razón de la hermosura,

que claramente acata la clausura

viva en la malla de tu ley divina.

A ti, cárcel feliz de la retina,

áurea sección, celeste cuadratura,

misteriosa fontana de mesura

que el Universo armónico origina.

A ti, mar de los sueños angulares

flor de las cinco formas regulares,

dodecaedro azul, arco sonoro.

Luces por alas un compás ardiente.

Tu canto es una esfera transparente.

A ti, divina proporción de oro.

 

La escritora polaca Wislava Szymborska ha publicado 16 colecciones de poesía obteniendo, entre otros reconocimientos, el muy preciado Premio Nobel de Literatura de 1996. Una de las poesías está dedicado al número Pi:

Pi

El número Pi es digno de admiración

tres coma uno cuatro uno,

todas sus cifras siguientes también son iniciales,

cinco nueve dos, porque nunca se termina.

No permite abarcarlo con la mirada seis cinco tres cinco,

con un cálculo ocho nueve,

con la imaginación siete nueve

o en broma tres dos tres, es decir, por comparación

ocho cuatro seis con cualquier otra cosa

dos seis cuatro tres en el mundo.

La más larga serpiente después de varios metros se interrumpe.

Igualmente, aunque un poco más tarde, hacen las serpientes fabulosas.

El cortejo de cifras que forman el número Pi

no se detiene en el margen de un folio,

es capaz de prolongarse por la mesa, a través del aire,

a través del muro, de una hoja, del nido de un pájaro,

de las nubes, directamente al cielo

a través de la total hinchazón e inmensidad del cielo.

¡Oh, qué corta es la cola del cometa, como la de un ratón!

¡Qué frágil el rayo de la estrella que se encorva en cualquier espacio!

Pero aquí dos tres quince trescientos noventa

mi número de teléfono, la talla de tu camisa,

año mil novecientos setenta y tres, sexto piso

número de habitantes, sesenta y cinco céntimos

la medida de la cadera, dos dedos, la charada y el código

en el que mi ruiseñor vuela y canta

y pide un comportamiento tranquilo,

también transcurren la tierra y el cielo

pero no el número Pi, éste no,

él es todavía un buen cinco,

no es un ocho cualquiera,

ni el último siete

metiendo prisa, oh, metiendo prisa a la perezosa eternidad

para la permanencia.

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