Home / Recomendación Literaria / Los niños perdidos

Los niños perdidos

 

¿Por qué viniste a los Estados Unidos? Ésta es solo la primer pregunta de cuarenta, que los niños deben responder. Un cuestionario que, la escritora mexicana, Valeria Luiselli, define como frío y pragmático, que a su vez, retrata el rostro de “Los niños perdidos”; obra que narra el enredado proceso legal del que depende el futuro de los pequeños.

En su trabajo como intérprete de la corte migratoria de Nueva York, ella debe dar sentido a las palabras que salen de la boca de los miles de niños centroamericanos que han cruzado solos la frontera. Su labor dista de ser algo simple. De las respuestas que Luiselli anote, depende que se impida una terminante orden de deportación y el caso escale al siguiente nivel. Mientras eso sucede, Luiselli recibe una radiografía completa de la vida pasada, presente y futura de cada una de los niños migrantes.

Del español al inglés, se traducen los testimonios. A continuación, breves extractos del libro:

“Las palabras que escucho en la corte salen de bocas de niños, bocas chimuelas, labios partidos, palabras hiladas en narrativas confusas y complejas. […]pronuncian palabras reticentes, palabras llenas de desconfianza, palabras fruto del miedo soterrado y la humillación constante. […]Son historias de vidas tan devastadas y rotas, que a veces resulta imposible imponerles un orden narrativo.”

“«¿Por qué viniste a los Estados Unidos?». Las respuestas de los niños varían, casi siempre apuntan hacia el reencuentro con un padre, una madre o un pariente que emigró a Estados Unidos antes que ellos. Otras veces, las respuestas tiene que ver con la situación de la que están tratando de escapar: violencia extrema, persecución y coerción a manos de pandillas y bandas criminales, abuso mental y físico, trabajo forzoso.”

“Luego vienen la segunda pregunta del cuestionario de admisión:«¿Cuándo entraste a los Estados Unidos?». La mayoría de los niños no sabe la fecha exacta. Algunos sonríen y otros se ponen serios. Dicen: «el año pasado» o «hace poco» o simplemente «no sé». Todos huyeron de sus pueblos o ciudades, caminaron kilómetros, nadaron, corrieron, durmieron escondidos, montaron trenes y camiones de carga. La mayoría se entregó a la Border Patrol al cruzar la frontera. Todos llegaron buscando algo o a alguien. ¿Buscando qué? Buscando a quién? El cuestionario no hace esas otras preguntas. Pero pide detalles precisos: «¿Cuándo entraste a los Estados Unidos?».

“Las preguntas cinco y seis del cuestionario son: «¿Qué países cruzaste?» y «¿Cómo llegaste hasta aquí?». A la primera, la mayoría responde «México», y otros también incluyen «Guatemala», «El Salvador», y «Honduras», dependiendo de dónde haya empezado el viaje. A la segunda pregunta, con una mezcla de orgullo y horror, la mayoría dice: «La Bestia».

Más de medio millón de migrantes mexicanos y centroamericanos se montan cada año a los distintos trenes que, conjuntamente, son conocidos como La Bestia. Por supuesto, no hay servicio para pasajeros en esos trenes, así que las personas se montan encima de los desvencijados carros de carga rectangulares de techos planos –las góndolas– o bien en los descansos entre carro y carro.

Se sabe que a bordo de La Bestia los accidentes –menores, graves o letales– son materia cotidiana, ya sea por los descarrilamientos constantes de los trenes, o por caídas a medianoche, o por el más mínimo descuido. Y cuando no es el tren mismo el que supone un peligro, la amenaza son los traficantes, maleantes, policías o militares, que a menudo intimidan, extorsionan, o asaltan a la gente que va a bordo. «Entra uno vivo, sale uno momia», se suele decir sobre La Bestia. Algunas personas la comparan con un demonio, otras con una especie de aspiradora que, desde abajo, si te distraes, te chupa hacia el fondo de las entrañas metálicas del tren. Pero la gente decide, no obstante los peligros, correr el riesgo. Tampoco es que tengan muchas alternativas.

La ruta de los trenes ha cambiado en los últimos años, pero ahora empieza o en Arriaga, Chiapas, o en Tenosique, Tabasco. El tren labra su camino lento hacia la frontera México-Estados Unidos, ya sea por la ruta oriental del Golfo hacia Reynosa, situada en la frontera suroeste de Texas, o bien por la ruta del centro-oeste, hacia Ciudad Juárez o Nogales, situada en la frontera con Texas y Arizona, respectivamente.”

Búscalo, léelo y mira con nuevos ojos la “crisis migratoria”.

Esta obra, escrita por Valeria Luiselli, fue galardonada con el “American Book Award”; convirtiéndose en la segunda escritora mexicana en recibirlo.

 

Recibe lo mejor de Un día más Culto en tu mail
Suscríbete a nuestro newsletter y recibe nuestro mejor contenido

Dejar un comentario

Desplazar hacia arriba