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Rimas para el desarrollo infantil

Del griego “rhythmós”, la rima se traduce como movimiento regulado y es la repetición de una serie de sonidos que se antojan encantadores e interesantes, además de brindar ritmo al momento de la aplicación de las repeticiones.

Para los niños es una estrategia de desarrollo de la expresión que provoca sensaciones al escuchar con mayor atención aquello que se dice. Mejora el proceso del lenguaje, desarrollo cognitivo, físico y social del pequeño.

Las rimas infantiles son un juego de palabras, juego creativo y motivador para fomentar el habla de los niños desarrollando destrezas de la memoria y predicción. Por otro lado, también incrementa el vocabulario, les desarrolla la conciencia fonética al anticipar lo que sigue en la rima.

Las rimas, trabalenguas, canciones, poemas, adivinanzas fortalecen los músculos boca-lengua además de mostrar cómo se combinan los sonidos para formar palabras y frases, secuencia del ritmo y modulación de la lengua que influye en el aprendizaje del idioma.

A continuación, un pasaje del libro Cuentos en verso para niños perversos de Roald Dahl:

CAPERUCITA ROJA Y EL LOBO

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Estando una mañana haciendo el bobo

le entró un hambre espantosa al Señor Lobo,

así que, para echarse algo a la muela,

se fue corriendo a casa de la Abuela.

“¿Puedo pasar, Señora?”, preguntó.

La pobre anciana, al verlo, se asustó

pensando: “¡Este me come de un bocado!”.

Y, claro, no se había equivocado:

se convirtió la Abuela en alimento

en menos tiempo del que aquí te cuento.

Lo malo es que era flaca y tan huesuda

que al Lobo no le fue de gran ayuda:

“Sigo teniendo un hambre aterradora…

¡Tendré que merendarme otra señora!”.

Y, al no encontrar ninguna en la nevera,

gruñó con impaciencia aquella fiera:

“¡Esperaré sentado hasta que vuelva

Caperucita Roja de la Selva!”

-que así llamaba al Bosque la alimaña,

creyéndose en Brasil y no en España-.

Y porque no se viera su fiereza,

se disfrazó de abuela con presteza,

se dio laca en las uñas y en el pelo,

se puso la gran falda gris de vuelo,

zapatos, sombrerito, una chaqueta

y se sentó en espera de la nieta.

Llegó por fin Caperu a mediodía

y dijo: “¿Cómo estás, abuela mía?

Por cierto, ¡me impresionan tus orejas!”.

“Para mejor oírte, que las viejas

somos un poco sordas”. “¡Abuelita,

qué ojos tan grandes tienes!”. “Claro, hijita,

son las lentillas nuevas que me ha puesto

para que pueda verte Don Ernesto

el oculista”, dijo el animal

mirándola con gesto angelical

mientras se le ocurría que la chica

iba a saberle mil veces más rica

que el rancho precedente. De repente

Caperucita dijo: “¡Qué imponente

abrigo de piel llevas este invierno!”.

El Lobo, estupefacto, dijo: “¡Un cuerno!

O no sabes el cuento o tú me mientes:

¡Ahora te toca hablarme de _mis dientes_!

¿Me estás tomando el pelo…? Oye, mocosa,

te comeré ahora mismo y a otra cosa”.

Pero ella se sentó en un canapé

y se sacó un revólver del corsé,

con calma apuntó bien a la cabeza

y -¡pam!- allí cayó la buena pieza.

————————————————

Al poco tiempo vi a Caperucita

cruzando por el Bosque… ¡Pobrecita!

¿Sabéis lo que llevaba la infeliz?

Pues nada menos que un sobrepelliz

que a mí me pareció de piel de un lobo

que estuvo una mañana haciendo el bobo.

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